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Cuando era adolescente, el Viernes Santo era un día que disfrutaba. Yo no sentía la tristeza profunda que vive todo cristiano por la muerte de Jesús en la cruz.
Por supuesto, hoy día lo vivo de manera muy distinta. Sin embargo, en aquel entonces había un factor determinante para que yo lo disfrutara: mi madre no nos permitía hacer oficios domésticos ese día.
¿Me siguen? Mi madre, una santa que de blandengue no tiene nada, era una fanática de la limpieza.





