En agonía. Son las 7:45 p.m. del domingo y Gabriel Fuentes mira cada dos minutos su reloj, pero no porque esté esperando alguna visita especial, sino porque a las 8:00 p.m. empieza la carrera de llenar con agua todos los tanques disponibles en su casa.
A eso de la 1:00 a.m. la labor no ha terminado para él ni para su esposa, quien trata de lavar desesperadamente todo lo que esté sucio.





