Tristeza e incertidumbre. Descalza y con una leve sonrisa, Angie Murillo, de nueve años, desayunaba una tortilla con queso. Eran las 10:45 a.m., y sentada en la grada de la escuela Presidente Valdés, ubicada en Las Garzas de Pacora donde están albergados, decía inocentemente, que su deseo era tener un lugar seguro dónde dormir.
Así como ella, aproximadamente 170 personas quedaron a la intemperie el pasado viernes cuando una inundación se llevó todas sus pertenencias, en las Garzas de Pacora; específicamente, en la bariada La Mireya.





