Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital, conocí a una niña que sufría una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse parecía ser una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano de la pequeña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Lo vi dudar por solo un momento antes de hacer un gran suspiro y decir: - Sí, lo haré, si esto la salva.





