Carta al hijo de una madre cualquiera:
Querido hijo: Soy la peor madre del mundo, la menos sublime, la menos comprensiva, la menos abnegada y la menos sacrificada.
Jamás se me ha pasado por la mente darte algo sin recibir nada a cambio.
Siempre te he guiado para que seas un buen ser humano, feliz, que hagas siempre lo correcto, que jamás les hagas daño a los demás, que ames a tu prójimo, que estudies, que seas hoy un hijo obediente y bueno, y mañana un hombre a carta cabal y un excelente profesional y, sobre todas las cosas, que tengas siempre a Dios en tu corazón.





