No hay como estar casado durante varias décadas para darse cuenta de que el matrimonio cuesta sexo, sudor y lágrimas.
Y, ojo, es más lágrimas y sudor que sexo bueno. No se crean las solteras que al casarse vivirán un cuento de hadas porque el hombre que elijan será perfecto. Tampoco se crean los solteros que la mujer con la que contraigan matrimonio les tendrá la casita limpia, la ropa planchada y la comida lista para ser servida cuando lleguen del trabajo.





