Pido a Dios que me dé vida para ver que mis hijas son autosuficientes, pero también para ver cómo uno de los sueños más esperados por los panameños se hace realidad. Me refiero al metro, uno de los más grandes megaproyectos con el que contaremos.
Cuando transito por las áreas donde construyen las estaciones y realizan las excavaciones del metro me emociono; me imagino el día de su inauguración, la euforia de mis coterráneos por querer subir a él y el chasco que muchos se llevarán al quedar con un pie en el aire y el otro en el andén, ante la ligereza del sistema.





