El alzhaimer, esa dolencia cruel y ladrona, se ha llevado, poco a poco y de manera furtiva, la memoria de mi padre. Sin embargo, aunque él no recuerde, salvo en lapsos muy cortos, ni a mi madre ni a sus hijos, somos una familia que sí recuerda todo lo que él nos dio, nos enseñó y nos grabó con tinta indeleble en nuestros corazones.
La noche del viernes, mi hermano me llamó para preguntarme qué le regalaba a papi. Él no lo supo, pero por mi rostro corrían las lágrimas al pensar que cualquier cosa que le regaláramos, daría igual. Él ya no sabe distinguir un artículo de otro.





