Una ocasión en el invierno, reparamos la cerca del potrero y sobró un rollo de alambre de púas y lo dejamos en el granero, fijo con una estaca a la pared.
Cuando llegó la primavera, una pareja de aves chileros hizo su nido en el interior de aquel rollo de alambre. No detuvo a las grises avecillas la dureza y frialdad del metal. No las asustó lo feroz y erizado de las púas, con briznas de hierba seca y con plumitas formaron ahí su propio mundo, tibio y suave, y en él perpetuaron su pequeña vida.





