Cuando seamos grandes no nos olvidemos de que para las noches se hicieron los cuentos, y los reyes magos, y los duendes buenos; que solo hace falta cuando llega el sueño tener bien a mano la voz de un abuelo.
No nos olvidemos de que en una vereda cabe un mundo entero de risas y ruedas, que no hay mar tan nuestro como el de la acequia, que con dos pedales de una bicicleta lo que queda lejos siempre queda cerca.
No nos olvidemos de las maravillas que guardan adentro las cosas sencillas, los viejos cajones, la flor, la semilla.





