S ucedió que un presidiario de Darlington, Inglaterra, que acababa de ser puesto en libertad, se cruzó con el alcalde John Morel en la calle.
El hombre había pasado tres largos años en la cárcel por malversación de fondos y estaba sumamente susceptible por el ostracismo social que esperaba recibir por parte de la gente de su pueblo.
¿Qué tal?, lo saludó el alcalde alegremente. ¡Qué gusto verlo! ¿Cómo le va? El hombre parecía sentirse incómodo y la conversación terminó abruptamente.





