Ella relató que el día que no llega a la iglesia el sentimiento de culpabilidad es tan grande y ve que su jornada se llena de dificultades, lo que la obliga a regresar en horas de la tarde.
Son las 6:00 a.m., cuando en la puerta de la Basílica de Don Bosco, hombres y mujeres llegan desesperados observando el reloj insistentemente, para corroborar que no estén tarde para ir a sus trabajos.





