Cuando se tienen 15, 16 o 17 años, no le tememos a nada; tenemos al mundo a nuestros pies y el cielo es el límite.
La malicia y la prudencia brillan por su ausencia, y los consejos no son más que sermones de quienes nos quieren fregar la vida.
Si ya sabemos conducir un auto, queremos demostrarle a todo el mundo la pericia recién aprendida. &162;Ay de que un padre o madre deje la llave de su vehículo por ahí a la mano! Eso es ganarse una mano de bingo con terna incluida.





