U na vez un hombre había conseguido la mejor entrevista de su vida: entrevistar a Dios. Esa tarde, llegó a su casa, se arregló y salió de su hogar, rumbo a su cita, pero en el trayecto cayó una lluvia que produjo un embotellamiento y quedó parado. Eran las 7:30 p. m. y la cita era a las 8:00 p. m. Repentinamente, le tocaron el cristal de la ventana, y al voltear vio a un niño ofreciéndole chicles. El hombre sacó algún dinero de su bolsillo y cuando lo iba a entregar al niño ya no lo encontró. Miró hacia el suelo y ahí estaba, en medio de un ataque de epilepsia.





