C ierto día fui al parque y noté que había una niña sola jugando. No es normal ver a una menor sola en medio de una multitud.
Al acercarme noté que tenía una joroba en su espalda. Al mirarme, le dije hola y ella me respondió con una sonrisa.
Conversamos hasta quedar solos en el parque. Le pregunté por qué estaba triste.
Porque soy diferente, respondió.
Yo inmediatamente dije: "Esa eres tú" y sonreí. Le confesé: "Tú me recuerdas a un ángel, dulce e inocente".
Pero ella empezó a distanciarse.





