Este artículo es responsabilidad del autor. Cuántas veces nos sentamos a esperar frutos de semillas que no hemos sembrado.

Siembra hoy semillas de fe, todos estamos invitados a plantar en este mundo

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Daniel Márquez -
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Viernes 15 de enero de 2021 11:15 AM

 

Eduardo se levantó aquella mañana algo desanimado, hace algún tiempo, producto de la pandemia, que había perdido su trabajo, la cuarentena había minado sus fuerzas y lo mismo ocurría con su esposa y sus dos pequeños niños. La poca ayuda que recibía del estado apenas alcanzaba para alimentarse y, por otra parte, las deudas crecían hasta volverse impagables.


Ese día, luego de tomar una taza de café caliente, salió a probar suerte y tratar de encontrar algo que hacer para generar el tan necesario ingreso que le permitiera sustentar a su familia y afrontar las necesidades y obligaciones del día a día.


Caminaba absorto en sus pensamientos, fabricando en su mente un mundo utópico donde todo era hermoso y no existían las injusticias, donde todos velábamos cada uno por el otro, un mundo sin guerras, sin hambre, con amor, con mayor equidad y justicia social.


Absorto en su totalidad por ese mundo paradisiaco se encontró de repente parado frente al escaparate de un negocio que le llamó poderosamente la atención; desde el umbral mismo del local se respiraba una profunda paz y sin quererlo, ni saber por qué, una sonrisa se le dibujó en el rostro. Él mismo no recordaba cuándo fue la última vez que sonrío o cuándo fue la última vez que sintió esa profunda paz mezclada con un sentimiento de tanto amor que casi lo empujó a entrar al local.


Con pasos cortos, y maravillado con la belleza del lugar, se acercó al señor en el mostrador y le preguntó:
- ¿Señor, que se vende aquí?
- Los regalos de Dios. Le respondió el señor.
- ¿Cuánto cuestan? Volvió a preguntar
- ¡No cuestan nada! ¡Aquí todo es gratis! Son regalos señor.


Eduardo, algo extrañado, contempló el local y vio que había enormes jarros de amor, pequeños frascos de fe, hermosos paquetes de esperanza, lindas cajitas de salvación, mucha sabiduría, grandes fardos de perdón, paquetes grandes de paz y muchos otros regalos.


Eduardo, maravillado con todo aquello, pidió:
- Por favor, quiero el mayor jarro de amor, todos los jarros de perdón y un frasco grande de fe, para mí, mis amigos y familia. ¡Ah! Y agregue por favor, mucha esperanza.


Entonces, el señor preparó todo y le entregó un pequeño paquetito que cabía en la palma de su mano.


Incrédulo, Eduardo dijo:
- ¿Pero, cómo puede estar aquí todo lo que pedí?


Sonriendo, el señor le respondió:
- En el Local de Dios no vendemos frutos, solo semillas. ¡Plántelas!


Cuántas veces nos sentamos a esperar frutos de semillas que no hemos sembrado, o esperamos recibir el pago por algo en lo que no hemos trabajado. Hoy es el mejor día para empezar a sembrar esas semillas de fe, paz, amor… con la seguridad de que solo así, en muy poco tiempo veremos frutos.


Sembrar, es el mensaje de ahora en adelante. Y usted ¿qué está sembrando hoy? Recuerde que dependiendo de su siembra así mismo será su cosecha.


No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Gálatas 6:7

Te invito hoy a sembrar semillas de fe.

Usted puede contactar al autor de este artículo en el  PH Vista Hermosa, detrás de plaza Ágora. También lo puede llamar al 6677-6055

Si decimos que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría él. Vivir su palabra cada día. Ir por el mundo sembrando semillas de fe...

¿Es usted Jesús?, ¡Empecemos desde hoy a sembrar semillas de fe!

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Viernes 08 de enero de 2021 10:30 AM

 

Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención aquella noche terminó más tarde de lo planeado, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios en la mano, corriendo por los pasillos.


De repente, sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta llena de manzanas. Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos uno. Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde. Luego se regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo.


Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin importarle su desdicha. El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas manzanas se habían golpeado y estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le  dijo a la niña: -Toma, por favor, estos cincuenta dólares por el daño que hicimos ¿Estás bien?


Ella, llorando, asintió con la cabeza. Él continuó, diciéndole: -Espero no haber arruinado tu día.


Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó: -Señor...


Él se detuvo y volteó a mirar esos hermosos ojos ciegos.


Ella continuó: -¿Es usted Jesús...?


Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma:

 

“¿ES USTED JESÚS?"


Y a ti, ¿la gente te confunde con Jesús? Porque ese es nuestro destino, ¿no es así? Parecernos tanto a Jesús, que la gente no pueda distinguir la diferencia. Parecernos tanto a Jesús, conforme vivimos en un mundo que está ciego a su amor, su vida y su gracia. Si decimos que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría él. Vivir su palabra cada día. Ir por el mundo sembrando semillas de fe y de amor. Tú eres la niña de sus ojos, aun cuando hayas sido golpeado y magullado por las caídas. Él dejó todo y nos recogió a ti y a mí en el Calvario; y pagó por nuestra fruta dañada. ¡Empecemos a vivir como si valiéramos el precio que Él pagó! ¡Empecemos hoy a sembrar semillas de fe!

Contacto: 

Usted puede contactar al autor de este artículo en el  PH Vista Hermosa, detrás de plaza Ágora. También lo puede llamar al 6677-6055

Este artículo es responsbilidad de su autor. Aquí una columna más de opinión de Daniel Márquez.

Un zapato que reparar

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Daniel Márquez -
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Viernes 01 de enero de 2021 11:15 AM

 

Como cada año, el día 31 de diciembre, Camilo se encontraba en su taller, improvisado en casa, reparando zapatos.

Hacía ya cuatro años que Raquel, su esposa, había muerto y sus hijos, a raíz de un incidente con él, habían partido hace ya muchos años a tierras lejanas para nunca volver.

De nada le valió el arrepentimiento a Camilo, a pesar de múltiples intentos por localizarlos, nunca lo logró.

Hacía ya un año había dejado de ir a la iglesia y se había convertido en una persona triste, apartada de todo y de todos.

Ahora solo se refugiaba en su trabajo. Para él estas fechas no tenían ningún significado ya, no había nada por qué celebrar e incluso desde hace algún tiempo abrazaba la idea de acabar con su vida.

El eco de algunos villancicos que uno que otro vecino entonaba llegaba hasta él logrando sumirlo aún más en su profunda tristeza.

Se levantó un momento de su silla y se dirigió a una pequeña estufa de leña donde reposaba una pequeña cacerola con chocolate, se sirvió en una rústica taza de peltre y volvió a su sitio, pero en esta ocasión en lugar de reanudar su trabajo se internó en el mundo de los recuerdos; el sabor del espeso chocolate dibujó claramente en su mente la imagen de Raquel, su amada esposa; era esa antigua receta de ella para hacer ese delicioso chocolate, una de las pocas cosas que le quedaban.

Terminó su chocolate pero aún seguía intacta la imagen de Raquel en su mente, en lugar de volver a su trabajo optó por sentarse en aquella vieja mecedora que conservaba intacto el aroma de su piel, allí se sentía como en el regazo de su amada y el sueño lo envolvió. 

De pronto un gran resplandor lo sacó de su profundo sueño. Allí, parado en una esquina, y envuelto en una gran luz, un ángel lo observaba dormir.

Camilo, a pesar de su avanzada edad se incorporó de un salto de la mecedora y se postró de rodillas ante aquel imponente ser, pero el ángel le dijo: - No te postres delante de mí, he venido porque tus oraciones han subido como olor fragante delante de Dios.

Él ha visto tu tristeza y ha recogido en sus manos tus lágrimas. No aflijas más tu corazón. Dios también se ha entristecido pues hace mucho que no has hablado con él. Camilo, ya incorporado, miró con tristeza al ángel y le dijo: - Hace ya cuatro años mi dulce Raquel partió con el Señor, mis hijos no perdonaron mis errores y más nunca supe de ellos, soy un anciano solo y sin el amor de nadie.

-No digas eso Camilo – le respondió el ángel – Dios me ha enviado a decirte que cada semilla de fe que sembraste entre tus conocidos los últimos años han dado frutos, y el anhelo mayor de tu corazón ha sido escuchado. La respuesta a tu oración ha llegado.

Camilo iba a responder, pero el sonido de unos suaves golpes en su puerta llamó su atención.

No sabía qué hacer, abrir la puerta o continuar su conversación con el ángel. En medio de su duda se percató que los sonidos en la puerta se incrementaban, los golpes eran tan fuertes ya, que lo sacaron de su profundo sueño. Miró a su alrededor buscando al ángel, pero no estaba, no había siquiera rastros de que hubiese estado allí.

Los incesantes golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos y aún aturdido se dirigió a abrir la puerta.

Allí, en el portal, estaban sus dos hijos, sus esposas y cinco hermosos niños que al verlo se lanzaron al regazo de su abuelo quien no pudo más que elevar su vista al cielo y dar gracias a Dios por tan hermoso regalo.

¿Te encuentras hundido y tus días llenos de cosas por hacer?, Daniel Márquez nos comparte este hermoso artículo para la ocasión.

¿Qué es la Navidad?, abandona algo de tu ocupada vida y verás...

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Daniel Márquez -
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Jueves 24 de diciembre de 2020 06:45 PM

 

Se nos dice que la Navidad es una “época de alegría” y un “momento de gozo”.
Pero, en tanto la Navidad se acerca, ¿no experimentas a veces cosas muy lejos de alegría y gozo?
¿Te encuentras hundido y tus días llenos de cosas por hacer?
¿Estás cansado después de un largo año y los numerosos problemas y dificultades que aparecen en tu camino?
¿Te parece que la Navidad es una presión más y una demanda más de tu tiempo?

Detente por un minuto. Es posible que pienses que no tienes tiempo para detenerte, pero debieras hacerlo.
Deseo ayudarte a experimentar la calma y la paz esta Navidad. En vez de esperar a sobrevivir las fiestas, quiero mostrarte que realmente gozarás este momento.

Significará; sin embargo, un intercambio. Tú tendrás que abandonar algo en tu ocupada vida para que puedas hacer espacio para algo mejor.

Tú puedes mirar a cada Navidad como que necesita ser más grande y mejor que la anterior, y ansiosamente ocuparás cada momento haciendo preparativos para esa meta. Pero a veces menos es más.

¿Te has detenido a pensar respecto a que si todo este correr es necesario?
¿Te está haciendo a ti y a tus amados más feliz esta Navidad?
¿O estás dejando fuera las cosas verdaderamente importantes en la vida para así seleccionar los regalos perfectos, arreglar las decoraciones impecablemente, y reunir los más suntuosos ingredientes para la cena de Navidad?

Mientras menos desesperado estés en crear la Navidad “perfecta”, más tiempo encontrarás para gozarla. Mientras menos estresado y presionado estés, más felicidad y alegría llenarán los momentos que tú y tus amados tendrán juntos.

La Navidad se goza mejor cuando no está centrada en las decoraciones, regalos, o festividades, sino cuando el amor es el centro.
El amor es la esencia de la Navidad. La Navidad debiera significar ocupar tiempo precioso con tu familia y amigos. Tiene que ver con acariciar y celebrar el amor que compartes.
Tristemente, el amor puede perderse entre el movimiento y el bullicio. A veces está tapado por las decoraciones y regalos, las compras sin fin, y la cena de Navidad y su contenido.

La Navidad es época de fiesta, pero tiene que ver con mucho más que eso.
La Navidad es mi cumpleaños. Es época de celebrar el más grande regalo dado a la humanidad.
¿Puedes tomar un momento para mí ahora, en honor de mi cumpleaños?
¿Puedes gastar un minuto para dejar que te diga cuánto te amo?
¿Puedes parar para agradecerme por mi amor, y reflexionar cómo puedes esparcir más amor por el mundo?

Fue el amor por  ti que me trajo a la Tierra hace más de 2000 años.
Fue el amor el que me dio ímpetu para caminar por tu mundo y ser uno de los tuyos, para vivir y morir por ti.
El amor fue, y aún es, el centro de mi existencia.
Todo lo que he hecho ha sido por amor a ti personalmente, y por amor a la humanidad como un todo.
Tú significas mucho para mí.
En esta Navidad, toma tiempo para amar.
Si lo haces, estarás dándome un maravilloso regalo, y me será posible darte especiales regalos este año.

Las festivas decoraciones, los deliciosos alimentos, los muchos regalos, caerán en el olvido la mayor parte de ellos, perdidos entre los recuerdos de muchas Navidades; pero si siembras el amor con fe, el tiempo que habrás compartido y alimentado vivirán por siempre.

Atentamente, con amor.

Jesús de Nazareth.

El autor de este artículo es el responsable de su contenido.

Por la verdad, la memoria y la justicia

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María Mariel Fábrega -
Estudiante de Relaciones Internacionales, II año | @diaadiapa |
Viernes 18 de diciembre de 2020 11:30 PM

 

Debieron pasar 26 años desde la invasión a Panamá por los militares norteamericanos para que el Estado panameño a través del Ministerio de Relaciones Exteriores motivara el Decreto Ejecutivo 121 del 19 de julio de 2016, creando así la Comisión 20 de Diciembre de 1989 para contribuir al esclarecimiento de la verdad, el pleno conocimiento de la cantidad de víctimas,
como las violaciones al derecho internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. En el artículo 2 de este decreto se le otorga un
periodo de dos años para tales fines.


Su fundamentación legal estuvo sustentada en el artículo 17 de la Carta Magna y el artículo 19 de la Declaración Universal de los derechos humanos que recién el 10 de diciembre se conmemoró su proclamación; donde de hecho un ilustre panameño tuvo relevante importancia en la redacción de 18 de los 30 artículos allí contemplados, siendo el Dr. Ricardo J. Alfaro.

 
En diciembre de ese 2016, el Estado de Panamá modificó el delito de desaparición forzada, en respuesta a la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que venía desde el 2008 con el antecedente de Heliodoro Portugal vs Panamá.


Esta reforma del Código Penal hace énfasis en la responsabilidad que tiene el Estado, especificando que cualquier apoyo de su parte, sea directo o indirecto, es un elemento para configurar el delito de desaparición forzada.


Tal como lo ordenó la Corte IDH, la reforma establece la continuidad y permanencia del delito hasta que no se dé a conocer el destino de la víctima, de acuerdo con lo dispuesto en la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada, ratificada por el Estado panameño en 1996.


Esta comisión tiene cinco funciones, siendo la última la de elaborar un informe final que se presentará al Presidente de la República, publicado y puesto en conocimiento de la ciudadanía. Y es este documento el cual tiene en vigilia no solo al grupo de panameños víctimas de estos sucesos nefastos, sino al país entero sediento de la verdad de lo que paso, la memoria de quienes fallecieron y de la justicia para todos.


La pregunta que capta la atención es: ¿Qué pasará después del informe?


Aquí se debe aclarar que, el periodo de dos años se venció y fue necesario una prorroga que se volvió a vencer el 01 de abril de 2019. Luego la falta de financiamiento volvió a retrasar las investigaciones, obvio son costosas. Más reciente en este 2020, se les otorgó un dinero, y para 2021 se le asignará los fondos estatales para culminar la misión encomendada a la comisión.

Mi opinión sobre lo que pasará está relacionado a un solo concepto: justicia. Es lo que le corresponde al Estado en correspondencia a los derechos vulnerados, garantizar entonces el acceso a la justicia de las víctimas y sus familiares es una obligación que no debe tardar en cumplir. Luego de la justicia se abrirá paso al proceso de reconciliación que podría contar con elementos básicos como: la superación y resolución definitiva del conflicto, mediación de ideas de reconciliación entre los sectores involucrados y la adopción de medidas gubernamentales que satisfagan las exigencias de la sociedad civil que así las
demanda desde el día 1. 

El fin de esta novela trágica está por llegar y confiamos tanto en la propia comisión como la actuación futura del Estado; es urgente y necesario sanar las heridas.


Autora: María Mariel Fábrega
Estudiante de Licenciatura de Relaciones Internacionales II año
Universidad de Panamá

Este artículo es responsabilidad del autor. Cada viernes, Daniel Márquez comparte con usted una nueva enseñanza.

El pastor y su hijo

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Daniel Márquez -
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Viernes 18 de diciembre de 2020 08:45 AM

 

Todos los domingos por la tarde, el pastor y su hijo de 11 años iban al pueblo a repartir semillas de fe con tratados. Un domingo en particular, cuando llegó la hora de ir al pueblo, comenzó a lloviznar. El niño se puso un capote y le dijo a su padre:
- OK, papá, estoy listo.
-¿Listo para qué hijo?
- Papá, es hora de ir a repartir nuestras semillas de fe contratados.
-Hijo, está muy frío afuera y esta lloviznando.
-Pero papá, la gente se está yendo al infierno aun en los días lluviosos.
-Hijo no voy a ir afuera con este tiempo.
-Papá ¿puedo ir yo? Por favor.
Su padre titubeo por un momento y luego dijo: -Hijo, tú puedes ir, ten cuidado.
El niño se fue debajo de la lluvia. Caminó casi todas las calles repartiendo las semillas de fe a las personas que veía.
Después de dos horas caminando bajo la lluvia, con frío y su última semilla, se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien dársela, pero las calles estaban totalmente desiertas. Entonces caminó hacia la puerta de la casa del frente y tocó el timbre. Tocó varias veces, esperó y nadie salió. Se dio vuelta para irse, pero algo lo detuvo, giró nuevamente hacia la puerta y comenzó a golpearla fuertemente con los nudillos. Esperó, algo lo aguantaba ahí¬ frente a la puerta, tocó nuevamente y esta vez la puerta se abrió suavemente.
Salió una señora con mirada muy triste y suavemente le preguntó: -¿Qué puedo hacer por ti hijo?
Con unos ojos radiantes y una sonrisa el niño le dijo: -Señora, lo siento si la molesté, pero solo quiero decirle que JESÚS REALMENTE LA AMA y vine para darle mi última semilla con tratado que habla sobre JESÚS Y SU GRAN AMOR. Se la dio y se fue.
El siguiente domingo el pastor, al comenzar el servicio, dijo: -¿Alguien tiene un testimonio o algo que quiera compartir?
Suavemente, en la fila de atrás, una señora mayor se puso de pie. Cuando comenzó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos, -Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí¬, inclusive hasta el domingo pasado no era cristiana. Mi esposo murió hace un tiempo dejándome totalmente sola en este mundo. El domingo pasado fue un día particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón donde llegué al final de la línea; no tenía esperanzas ni ganas de vivir, entonces tomé una silla y una soga que amarré a las vigas del techo, entonces me subí¬ a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello. Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado estaba a punto de tirarme, cuando de repente escuché el sonido fuerte del timbre de la puerta. Entonces pensé: esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá. Esperé y esperé, pero el timbre de la puerta cada vez era más fuerte e insistente, y luego la persona  comenzó a golpear la puerta con fuerza. Entonces me pregunte: ¿Quién podrá ser? Nadie toca mi puerta ni viene a verme, solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez más fuerte.
Cuando abrí¬ la puerta no podía creer lo que veían mis ojos, frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño que jamás había visto. Su sonrisa, nunca podría describirla. Las palabras que vinieron de su boca fueron una hermosa semilla que sembrada, hizo que en mi corazón, muerto hace tanto tiempo, volviera a florecer la vida cuando dijo con voz de querubín: Señora, solo vine a decirle que JESUS realmente la ama. Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia, cerré mi puerta y leí¬ cada palabra del tratado. Entonces fui a quitar la silla y la soga. Ya no la necesitaría más. Como ven ahora soy una hija feliz del REY. Hoy vine personalmente a decirle GRACIAS a ese pequeño ángel de Dios que llegó justo a tiempo a rescatar mi vida.

Todos lloraban en la iglesia, y le daban Gloria y honor al REY DE REYES, el Pastor bajó del púlpito hasta la primera banca del frente donde estaba sentado el pequeño ángel. Tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente.

Probablemente la iglesia no tuvo un momento más glorioso, y probablemente este universo nunca ha tenido un padre más lleno de amor y honor por su hijo. Excepto por uno. Este padre permitió a su hijo venir a un mundo frío y oscuro. El recibió a su hijo con una alegría inexplicable, y todo el cielo le dio gloria y honor al REY DE REYES, sentó su hijo amado a la diestra de su trono y le dio poder sobre todo principado y su nombre es sobre todo nombre, JESÚS.

La opinión aquí expresada es responsabilidad de su autor.

Simón Rodia

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Viernes 11 de diciembre de 2020 09:00 AM

 

Nadie podrá imaginar jamás la alegría que embargó a Sábato “Simón” Rodia; un trabajador de la construcción, albañil y artista italoamericano inmigrante, cuando firmó las escrituras de propiedad de un modesto terreno que, de ser un predio anónimo en la periferia de Watts en Los Ángeles, California, pronto se convertiría en un lugar famoso hacia el cual hoy día se realizan excursiones turísticas.

Hacía un calor insoportable aquel día. Rodia se abanicó con los documentos que acababa de registrar ante el notario. "Parece el fin del mundo", razonó. Por esa razón aquel día, además de encerrar un enorme significado sentimental para su vida, sería inolvidable.

Desde ese mismo día comenzó a trabajar febrilmente en un proyecto que inició como una semilla sembrada en su corazón. Se entregó a él día y noche, sin ceder al cansancio. Lo hizo así por espacio de treinta y tres años. Utilizó desde cristales rotos y cerámicas hasta botellas y setenta mil conchas de mar. Toda una obra de arte. Rodia comenzó a construir las Torres Watts o, como él las llamó.

Nuestro Pueblo, en 1921, pero no las completó hasta 1954. Con frecuencia fueron destrozadas por los vecinos, otras tantas el cansancio pudo desanimarlo, pero eso no fue impedimento para seguir adelante con su proyecto. Al final Simón Rodia vio coronados sus anhelos, vio como la semilla sembrada un día en su corazón dio fruto y su proyecto llegó a feliz término. Las Torres Watts estaban terminadas.

Las Torres Watts son un conjunto de 17 torres escultóricas interconectadas, que fueron declaradas  como “Monumento Histórico Nacional y Monumento Histórico de California  en 1990. También son un Monumento Histórico-Cultural de Los Ángeles y uno de los nueve sitios de arte popular que figuran en el Registro Nacional de lugares históricos en Los Ángeles.

Ante una obra de tal magnitud otros habrían desistido ante el primer fracaso. Pero Rodia no se rindió. Siguió firme hasta el final. Había medido el alcance de su proyecto y no se daría tan fácilmente por vencido. Su semilla debía germinar. Todo lo había calculado cuidadosamente.

Es probable que usted razone sobre el sinnúmero de veces en que concibió una idea pero, habiéndola puesto en marcha con sus propias fuerzas y capacidades, terminó en fracaso. ¿Recuerda alguna ocasión así? Aprendió entonces una lección que en lo sucesivo no puede desconocer.

Lo mejor, para no equivocarnos, es someter a Dios nuestros proyectos e iniciativas. Cuando llevamos a su presencia cada proyecto, en oración, y sentimos paz, es porque frente a nosotros y, como si se tratara de un aviador que va a tomar pista en un aeropuerto, tenemos luz verde.

Porque, ¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
Lucas 14:28-30

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.

Una mujer tras bastidores

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Viernes 04 de diciembre de 2020 06:00 AM

 

Jacques Yves Cousteau pasó toda su vida en el mar, no contento con inventar los equipos de buceo actuales recorrió el mundo a bordo del Calypso para enseñarle a la humanidad la grandiosidad de los océanos.

Muchos hombres y mujeres crecimos entre sus imágenes, muchos fuimos contagiados por su "fiebre de mar", jugábamos de chicos a ser buzos del Calypso, conocíamos todas sus historias, vivimos todas sus inmersiones.

Pero la mayoría de la gente jamás conoció la historia del día en que El Calypso se perdió, de aquel día que pudo ser el último día de una historia que aún no había comenzado.

Terminaba la década del 40, no era una época fácil en Europa. La segunda guerra mundial había dejado a Francia en ruinas. Jacques Cousteau, un joven oficial de la marina decide dar un vuelco a su vida, con la ayuda de sus amigos y un patrocinador secreto, compra un viejo dragaminas fuera de servicio y lo bautiza "El Calypso", renuncia a la marina y convence a un grupo de buzos de acompañarlo en la gran aventura: Recorrer los mares del mundo filmando los fondos oceánicos.

Todos sus ahorros se convirtieron en una pequeña semilla a sembrar; gastaron en equipamientos, vendió su casa para costear el viaje, todo su pasado y su futuro estaban puestos en ese viejo barco. Partieron rumbo al Mar Rojo donde planeaban filmar su primera película.

Al llegar anclaron el barco cerca de la costa de Egipto y todos los hombres fueron al agua, en el barco sólo quedó la esposa de Cousteau, Simone.

Mientras que los buzos estaban bajo el agua el cielo se cubrió de nubes, la superficie del mar se encrespó, comenzó a soplar un fuerte viento. Los buzos no pudieron volver al barco, nadaron hacia la costa. Una vez ahí contemplaron al Calypso que se sacudía con cada golpe de ola, tironeando el cabo del ancla que se rompería inevitablemente. Cousteau temía por su esposa, una mujer delgada que no tenía idea de barcos ni de navegación. Los buzos presos de impotencia esperaban la rotura del cabo del ancla para ver como todas sus ilusiones se hundían con el viejo buque.

El cabo se rompió en un estallido seco e inmediatamente se escuchó el motor del barco que se ponía en marcha, viraba a babor y se internaba en el mar de frente a la tormenta, al timón estaba Simone Cousteau y no parecía estar dispuesta a dejar hundir al Calypso, como no sabía nada de náutica decidió ir mar adentro donde no podría chocar con nada. Viajaba hacia la tormenta.

Ocho horas duró la lucha entre el viejo dragaminas y el mar, ocho horas donde una mujer sola, que nunca antes había estado en un barco, sacaba fuerzas de la nada para evitar que los sueños de su marido se hundieran ese día.

Cuando la tormenta terminó llevó al barco hacia la costa que se veía a la distancia pero como no lo sabía atracar y ya no tenía ancla, simplemente lo dejó flotar a la deriva con el motor apagado esperando que los buzos, que miraban la maniobra desde tierra, se pudiera acercar a nado. Al llegar encontraron a una Simone sonriente que, ante la sorpresa de todos, los recibió con café caliente.

Pasaron muchos años y el viejo dragaminas se convirtió en uno de los buques oceanográficos más famosos del mundo, navegó por todos los mares y visitó todos los puertos. Cousteau adquirió fama internacional. En 1980, en un reportaje un periodista le preguntó si era difícil comandar el Calypso, Cousteau contestó: "No si está Simone a bordo, ella es la cocinera, la madre de treinta marineros, la que aconseja, la que pone fin a las peleas, la que nos manda a afeitar, la que nos reta, la que nos acaricia, la peluquera de a bordo, nuestra mejor crítica, nuestra primera admiradora, la que salva al barco de las tormentas. Ella es la sonrisa cada mañana y el saludo antes de irnos a dormir. El Calypso podría haber vivido sin mí... pero no sin Simone"

Una mujer que vivió entre cámaras y nunca se dejó fotografiar, no figuró en ninguna de las enciclopedias del Calypso se negó a ser vista en las películas y la mayoría de la gente nunca vio su cara.

Cuantas son las mujeres que han sido ignoradas, pero han hecho grandes cosas sin ser jamás reconocidas. Muy cerca de ti hay una mujer silenciosa hoy, puede ser la que barre tu oficina, o quizá tu madre, tu hermana, tu abuela, tu tía etc... Reconoce hoy su labor, déjaselo saber y reconócela públicamente, porque hoy podrías hacer para ella su mejor día.

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal Todos los días de su vida. Busca lana y lino, Y con voluntad trabaja con sus manos. Es como nave de mercader; Trae su pan de lejos. Se levanta aun de noche Y da comida a su familia Y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, Y esfuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios; Su lámpara no se apaga de noche. Proverbios 31:10-18

En ese momento sentí que una semilla fue depositada en mi alma y su oración fue respondida. Este artículo es responsabilidad de su autor.

Salvado por un himno

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Daniel Márquez -
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Viernes 27 de noviembre de 2020 05:45 PM

 

Un grupo de turistas de los estados del norte de los Estados Unidos estaban reunidos en el muelle de un vapor de excursiones que iba a recorrer el histórico río Potomac una hermosa noche del verano de 1881.

Un caballero había estado entreteniendo al grupo con una selección de los himnos que más les gustaban. El último que cantó fue “Jesus amante de mi alma”.

El cantante cantó los dos primeros versos con tanto sentimiento, y con un énfasis tan peculiar en las líneas del final que conmovieron a todos y un silencio solemne cayó sobre los oyentes durante unos segundos después de que acabara de cantar. Entonces un caballero se acercó desde un lado y le preguntó:

-Le ruego que me disculpe, pero ¿estuvo usted activo en la última guerra?
-Sí, señor -contestó el cantante- serví a las órdenes del general Grant.
-Bien -contestó el intruso-. Yo luché en el lado contrario, y estoy seguro, de que estuve cerca de usted una noche brillante hace 18 años. Era una noche como esta. Estaba usted de guardia. Estábamos en guerra y usted era uno de mis enemigos. Me acerqué a su puesto de vigilancia con mi arma, las sombras me ocultaban. A usted le daba la luz claramente.

Mientras usted hacía su guardia, tarareaba ese himno que acaba de cantar. Levanté mi arma e intenté apuntar a su corazón, yo había sido seleccionado por nuestro comandante porque tengo un tiro firme y certero. Entonces en la noche se sintieron las palabras: “Cubre mi cabeza indefensa con la sombra de tus alas”.

En ese momento sentí que una semilla fue depositada en mi alma y su oración fue respondida. Lloré y no pude disparar después de eso. Y no hubo ataque a su campamento esa noche. Estaba seguro cuando le oí cantar ahora, que usted era el hombre cuya vida me vi movido a no destruir.

El cantante cogió la mano del sureño y dijo con mucha emoción:

-Recuerdo esa noche muy bien, y sobre todo el sentimiento de depresión y soledad con que cumplía mi deber. Conocía el gran peligro de mi puesto. Me entretuve recordando mi hogar, mis amigos, y todo lo que amo. Entonces el pensamiento del cuidado de Dios por todos los que ha creado vino sobre mí con peculiar fuerza. Si Él cuida del gorrión, ¡cuánto más no lo hará del hombre creado a su imagen! Y canté ese hermoso himno, la oración de mi alma, y mi corazón dejó de sentirse solo.

-No supe -continuó- cómo fue respondida mi oración hasta hoy. Mi Padre Celestial consideró que era mejor que no lo supiera en estos dieciocho años. ¡Cuánta de su bondad para con nosotros ignoraremos hasta que se nos revele a la luz de la eternidad! El himno “Jesús amante de mi alma” ha sido mi himno favorito. Ahora lo amaré de una manera que no podré expresar.

Salmo 139:5 Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano.

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La opinión aquí expresada es responsabilidad del autor de este artículo.

El sueño de la oruga

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Por:
Daniel Márquez -
[email protected] | @diaadiapa |
Viernes 20 de noviembre de 2020 12:15 AM

 

Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol. Cerca del camino se encontraba un grillo:

- ¿Hacia dónde te diriges? le preguntó.

Sin dejar de caminar, la oruga contestó:

- Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el grillo dijo, mientras su amiga se alejaba:

-Debes estar loca ¿Cómo podrías llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga!

Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero la oruga ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un escarabajo:

-¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño?

Sudando ya la oruga, le dijo jadeante:

- Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:

- Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.

Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino.

Del mismo modo, la araña, el topo y la rana aconsejaron a nuestra amiga a desistir de su sueño.

-¡No lo lograras jamás! - le dijeron-, pero en su interior había sembrada una semilla que la obligaba a seguir.

Ya agotada, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar:

- Estaré mejor - fue lo último que dijo, y murió.

Todos los animales del valle pasaron días mirando sus restos. Ahí estaba la más loca del pueblo. Había construido su tumba, un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de una que murió "por querer realizar un sueño irrealizable".


Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una
 

ADVERTENCIA PARA LOS ATREVIDOS. De pronto quedaron atónitos.


Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.


Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.


No hubo nada que decir, aquella “loca” se fue volando hasta la gran montaña y realizó su sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. "Todos se habían equivocado".

Dios no nos hubiera sembrado la semilla de soñar, si no nos hubiera dado la oportunidad de hacer realidad nuestros sueños.

Josué 1:9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque El Señor tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

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