En plaza central del pueblo se levanta una sencilla barrera hecha de cañaza, madera y mangueras de caucho.
Guararé.
Los toreros corren, y algunos saltan a lo alto de la barrera, pero otros más osados se acercan a provocar una embestida. Fotos: EFE.
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Por:
Raquel Sánchez y Bienvenido Velasco/ EFE -
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Martes 01 de octubre de 2019 03:00 PM

Decenas de toros, hombres recios de todas las edades y un corral improvisado en la plaza central de Guararé: es la primera escena para celebrar el festival folclórico más importante de Panamá, que atrae cada año desde 1949 a miles de visitantes. 


Guararé, un pueblo situado en el sur panameño y de algo más de 4.500 habitantes, vive cada septiembre siete días en torno al Festival de la Mejorana, un evento que congrega las más notorias expresiones folclóricas pero que a la vez se ensalza con las corridas de toros para atraer concurrencia.


En plaza central del pueblo se levanta una sencilla barrera hecha de cañaza, madera y mangueras de caucho. Allí aparecen los camiones con varias decenas de toros y novillos que corretearán a los hombres más atrevidos, en un juego que los premiará si son los vencedores.

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¡A CORRER!
Sale la primera res de una gran puerta roja, y un nutrido grupo de hombres espera impacientes para acercarse, mientras que otros se esconden detrás de pequeños obstáculos.
La enfurecida bestia los persigue por el terreno. Los toreros corren, y algunos saltan a lo alto de la barrera, pero otros más osados se acercan a provocar una embestida.
En las gradas y pilotes, los espectadores gritan cada vez que el astado levanta a alguno de los hombres, que con suerte salen conscientes.
"Para torear no hay que tener miedo, sino respeto, porque el que tiene miedo se lleva un golpe seguro", dijo a Efe Carlos González, de 24 años y con 10 de "mantero" o correteador de toros.
El joven, que esperaba su turno para tener un cara a cara con el animal, tuvo su primer accidente en una corrida en el 2012 y ya cuenta en su haber con "8 fracturas: nariz, brazos, pies", según comentó rematando: "los goles enseñan".
Aquí la edad no es impedimento, como lo demostró Eduardo Antonio Herrera, de 16 años, quien lleva ya dos años montando toros y contó a Efe que se protege lo más posible con el uso de rodillera y casco.
"Este deporte extremo que no lo hace cualquiera", afirmó el adolescente, que pidió "seguir apoyando el Festividad de la Mejorana.
Estos jóvenes solo se armaron de una manta roja o un cartón para llamar la atención del astado. Esta jornada no concluye con la muerte del animal en Panamá, que prohibió desde 2012 esa práctica y solo permite corridas en festivales y patronales religiosas.

 

UN ABANICO DE TRADICIONES
La última semana de cada septiembre los habitantes de Guararé se reúnen para celebrar la novena de la Virgen de la Merced, patrona de la región, en cuyo honor se hace el Festival de la Mejorana, teniendo como primera actividad la "hecha de la barrera".
"España no hace una fiesta si no hay juegos de toro, entonces el pueblo la garantiza la plaza, y es lo que se hace aquí", explicó el folclorista Donatilo Ballesteros con respecto al por qué se celebran las corridas antes de las fiestas religiosas y el festival.
Ballesteros, quien también es investigador, dijo a Efe que esta práctica realza el Festival de La Mejorana, instaurado en 1949 por el folclorista Manuel Zárate (1899-1968) y que recoge todas las tradiciones del país: desde la música de tamborito, la saloma, tonadas y hasta el toque de violín.
El nombre de la mejorana (una especie de guitarra) se debe a que es el único instrumento netamente panameño. Además lleva el mismo nombre un género poético y una danza.
José Castillero, un poblador de Guararé, explicó a Efe que todo el evento lo viven con corazón en este pueblo del sur de Panamá: "Es deber de los pobladores mantener viva una costumbre que nadie quiere perder". 

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