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Lunes 21 de octubre de 2013 10:01 PM
Thays Domínguez / Herrera
  • “La edad de Cristo, el 33”, dice muy seria La cantadora. el más viejo, cuando es el 75”.

El grupo empezó a alistar sillas, arreglar el tapete de flores de la mesa, recoger las bolsas con maíz y porotos. Ropa fresca, zapatos cómodos. “¿Quién trajo las fichas? Revuelvan bien esa vaina que ustedes son muy bellacas”… Así empezaba la partida de bingo de la tarde, debajo de un gran árbol de mango, en el patio de doña Carmela.

“¿A cómo vamos a jugar?, miren que ´toy limpia”, dijo una de las jugadoras. “A real el cartón, y a cuara el coverol, pue, como todos los días”, le respondió la anfitriona.

Una vez todo el mundo sentado y acomodado, y en medio de cuento y cuento, empezó la partida. “Dame acá la bolsa que yo voy a cantar”, dijo Lety, indicando que empezaría a sacar los números de la primera partida.

“Por la G, el 55, los gringos borrachos”, fue el primer número cantado. Entre risas y comentarios, se va la tarde en el pintoresco poblado de Monagrillo, en Chitré, Herrera, en donde el juego de bingo es una cultura que une a grandes y chicos, sobre todo en las tardes calurosas que en estas tierras son bastante comunes.

La terna, la cruz grande, cruz chiquita, el menos uno, la pipona, las cuatro esquinas y el coverol (término referente a “cover all” “cubrir todo” o cartón lleno), son algunos de los términos más conocidos del bingo chitreano, toda una técnica y jerga que es necesario conocer para poder jugar con los profesionales del bingo.

Aunque en Chitré existe un bingo oficial –bien concurrido, por cierto-, las mejores historias y anécdotas, así como el uso de términos jocosos referente a personajes del área, es una tradición de Monagrillo y Llano Bonito, aunque también utilizados en otros sectores.

Cada número tiene un sobrenombre, y cada sobrenombre corresponde a algún personaje.

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