ETIQUETAS:
Por: Redacción
[email protected] | @DiaaDiaPa
Domingo 20 de mayo de 2018 08:30 PM
 
Escribo hoy sobre esto porque haciendo revisión del material para esta columna me encontré con una entrevista a la Sra. Piky Zubieta, presentadora del segmento “Entre Líneas” de La Cascara de TVN donde contaba de la agresión cibernética y psicológica que dice está pasando.  Con todo respeto y responsabilidad lo escribo. A diferencia de otros talentos, a ella sí le creí lo que está padeciendo.
 
Más allá de la no respuesta que la Sra. Zubieta ha recibido por parte de quienes tienen el deber de ayudarla, que por cierto es muy deleznable que esto pase, centro este escrito aprovechando su caso para reflexionar sobre ese derecho que muchos creen tener sobre las personas que salen en televisión o son populares en medios alternativos.
 
Yo a la Sra. Zubieta no la conozco y su segmento en La Cáscara lo veo solo por obligación a la hora de la revisión del material para las críticas.  No es amiga mía. No es una mujer que publica en redes sociales vulgaridades. No es una mujer que en sus redes incita a la violencia, es más, la he visto defender inteligentemente a otras mujeres y hombres.  En otras palabras, no es busca seguidores por medio de pleque-pleques. Aunque ha estado envuelta en polémicas públicas por el tema del peso, siempre he percibido de ella que sabe manejar la ironía sin irse a los extremos de la vulgaridad. Se ríe de sí misma y su sarcasmo no lo disfraza de vulgaridad. O sea, no se pasa la línea ni se va al extremo de las palabras hediondas para entretener. 
 
El problema aquí es que las redes, así como se han llenado de gente resentida y llena de odio -muchas promocionadas por los medios o talentos de ellos-, también se ha llenado de gente violenta y enferma que cree que una figura pública, ya sea porque aparece en televisión, participa en política, es cantante o deportista, eso le da derecho a los demás a insultarles, ofenderles, atacar a su familia o peor aún, como en el caso de la Sra. Zubieta, amenazar indirectamente a personas indefensas, como lo es una niña.  
 
Y no. No señores, así no son las cosas y esto tiene que parar. Una cosa es ser una figura que hace un trabajo público y otra, muy diferente que la vida de esas personas sean públicas y que por ello tengan que aceptar agravios en nombre de la libertad de expresarse o porque su red publica o abierta ¡No!
 
¿Dónde dice que un talento de televisión por ser “gordo” tiene que ser agredido? ¿Dónde dice que por sus inclinaciones sexuales tiene que ser lastimado? ¿Quién nos da el derecho a insultar, denigrar y hasta meternos con la familia de un personaje por ser público su trabajo o porque no nos guste lo que hace en televisión o redes?  ¿En qué momento se abrió ese grifo de porquerías donde usamos las redes para dañar a otros? ¿Cómo hay gente que aplaude agresiones?  Aquí hay que hacer un alto porque esto pasó de mal a peor.  Ya se están metiendo con niños, ya están, en broma o en serio, enviando mensajes sobre hacerles daño a menores de edad, a familias. Hoy es la Sra. Zubieta, mañana puede ser usted sin ser un mal llamado “famoso” del patio. ¿Entienden lo grave de lo que está pasando con las redes? ¿Entiende que usted muchas veces es parte indirecta de su mal uso al insultar a otros?
 
Reitero, hay que hacer un alto. Las autoridades competentes a reaccionar, los talentos a unirse y denunciar. Hay que quitarse las camisetas mediáticas y actuar como una sola voz. Hay que denunciar hasta que los encargados hagan algo. Basta de la violencia en redes. A las audiencias, basta de creer que todo el que sale en medios tiene que aceptar insultos. Son seres humanos que tienen familia, tienen hijos, tienen madre. Antes de publicar algo piensen en lo que no les gustaría le hicieran a usted.   Cuando una persona para criticar tiene que ofender, es porque no tiene argumentos y su cerebro está lleno de excremento. Así de claro y hedionda es su realidad si usa redes para hacer mal. Piénselo.
 
Sra. Zubieta, tiene toda mi solidaridad y apoyo.  ¡No al mal uso de redes! ¡Basta ya!
No dejes de leer