Cada vez me sorprenden más y me gustan menos los mal llamados shows de opinión.
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Lunes 05 de marzo de 2018 12:00 AM

Estamos en un año pre-electoral y tengo miedo. Tengo miedo de cómo algunos shows de televisión abierta se están dedicando a desorientar, quizá por ignorancia, en nombre del género opinión; pero me preocupa más que se esté dejando usar o estén sirviendo de trampolines mediáticos a personas que necesitan la exposición de una pantalla abierta de cobertura nacional.

Cada vez me sorprenden más y me gustan menos los mal llamados shows de opinión, análisis y/o debates que tenemos en la televisión local, ya sea Trocha Abierta de Nex, Radar de TVN o los Debate Abierto de Medcom. No solo me sorprende, también me decepcionan.

Me decepcionan porque pareciese que una de las cualidades para ser invitado, si es en Trocha Abierta de Nex, es darle palo al Sr. Presidente Juan Carlos Varela o sus ministros y defender al Sr. expresidente Ricardo Martinelli y los que fueron de su equipo. Si es en Radar de TVN, todo el que pueda darle palo a la gestión de Sr. Martinelli, es bienvenido, aunque tratan dizque de vez en cuando darle un par de cuerazos al PRD o al gobierno, cosa que les queda muy mal, pero sus cañones, sin disimulo alguno, están dirigidos casi siempre al Ministerio Público. Y si es en alguno de los Debates Abierto de Medcom, la cosa es medio rara. Si vas al Debate Abierto dominical, mientras el invitado más palo le dé al Sr. Varela antes era al Sr. Martinelli, más veces lo verá sentado ahí; pero de las gestiones-gobiernos del PRD casi ni hablan y, en el nocturno, tratan de cuidarse un poco más, aunque muchas veces dejan en evidencia los temas o personajes a los que no tratan tan mal y a los que desean acabar, casi siempre con lo que esté en la opinión pública.

Quiero pensar que los productores y moderadores de estos espacios saben algo de televisión y entienden –aunque se hagan los que no- la diferencia de un show de opinión, un show de análisis y uno de debate. Los que tenemos al aire, si es por su fondo y forma, no son ni de debate ni de análisis ni de opinión, son de exhibición.

En la industria de la televisión mundial no existe el formato "shows de exhibición", pero como en Panamá tenemos genios de la televisión con una muy conveniente creatividad, yo a varias producciones les llamo "shows de exhibición" donde un montón de gente, que se cree especialista en todo y con derecho a cuestionar a otros –en buen panameño, opinólogos, asisten como invitados bajo la complicidad, directa e indirecta del o de los moderadores.

Un show de opinión, debate o análisis, aunque parezcan son lo mismo, tienen características muy diferentes y muy específi cas. En el primero hay espacio para escuchar la opinión de los que componen la mesa. El segundo, obligatoriamente lleva al debate de ideas –no personalizado-, con argumentos de peso que enriquezcan el show. El tercero, es un espacio para el análisis balanceado sobre hechos. ¿Captan las diferencias? Aquí tenemos shows de exhibición donde, literal, cualquiera es invitado en nombre de la libertad de expresión de despotricar de quién tenga en la mira en televisión nacional.

Aunque, sabemos que no es nuevo, este año 2018 las cadenas comerciales han iniciado terriblemente mal porque no tienen ni shows de opinión, ni shows de análisis ni shows de debates.

Lo que nos ofrecen son shows de exhibición donde, ex funcionarios, ahora fuera del poder, quieren decirle a los actuales funcionarios, cómo se deben hacer las cosas mientras que los moderadores son incapaces de hacerle una pregunta clave –para dar balance- cuando eso pasa: ¿por qué si usted conoce la solución a equis problema no lo hizo mientras estuvo en el cargo?

Es precisamente esa pregunta la que desnudaría a un montón de bravucones y bocones que desfilan del 2 al 4 o al 13 –y al cable- dizque analizando los problemas del país, pero sus ejecutorias y su pasado o presente, dicen que de eso saben poco o nada o peor aún, hablan muy mal de ellos.

Un show de opinión, de debates y/o de análisis debe buscar con sus invitados nutrir a la audiencia de información que ayude a discernir sobre lo que pasa en el país. Esos invitados deben tener moral para hablar. ¿Cómo se invita a una persona que guardó silencio sobre la corrupción de un gobierno –por mucho que no esté acusado de nada- a hablar de este flagelo cuando con su silencio o aplauso fue cómplice? ¿Cómo se invita a alguien a hablar de agua si cuando estuvo en el cargo igual teníamos el desmadre que tenemos hoy con el agua?, por ejemplo. ¿O es que los productores o moderadores tienen memoria selectiva?

Basta de darle espacios a gente sin moral alguna en los shows que deberían dejar a la audiencia analizando no escribiendo pendejadas en Twitter. Eso lo puede lograr cualquiera. Basta de invitar a personas que deberían, primero, pedir perdón en cadena nacional por ser cómplices directos o indirectos de actos de corrupción o porque cuando estuvieron/están en cargos no honraron al país.

Hoy que inician las clases, sería bueno que productores de las áreas de información, directores de noticias y moderadores aprovecharan el momento para leerse los manuales o libros de géneros periodísticos y formatos televisivos. No se preste al juego.

 


Los que tenemos al aire, si es por su fondo y forma, no son ni de debate ni de análisis ni de opinión, son de exhibición.
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