Apaguen los compresores
Panamá mostró un rostro algo difuso, ante un rival que no dejó ser más que un sparring sin sentido de lo que pasaba.
Los gestos de El Bolillo eran similares al que ve una película de terror, solo y de noche. Como si no asimilara lo que ve en el campo de juego, o le diera miedo lo que descubría.
No se notaba tranquilo, sus ademanes, sus miradas, los movimientos de sus manos y las constantes conversas con parte de su cuerpo técnico, no eran de tranquilidad, y mucho menos de alegría.
El primer tiempo del duelo con Cuba terminó con un par de sustos de parte del visitante, que como buenos atletas, se mantuvieron corriendo durante los 45 minutos sin bajar los brazos.
Esos primeros 45 minutos bastaron para desnudar muchas falencias, en las que tendrá que trabajar nuestro técnico, que en algunos momentos pareciera perder la fe, para luego convencerse diciendo: es mucho el trabajo que hay que hacer.
Sí, todo el mundo sabe que hay mucho trabajo que hacer, pero el estratega colombiano, con una trayectoria de campeonato mundial, pareciera que no se encuentra cómodo con lo que ve en la Liga Panameña de Fútbol (LPF) y en los equipos que ha parado en la cancha en los cuatro partidos que ha dirigido.
Es meramente jocoso ver que sus chicos se divertían en la cancha --en el complemento--, con una presa casi en su último suspiro, mientras que el estratega no cambiaba la cara de preocupación, misma que puso cuando dijo, por enésima vez, "hay mucho que trabajar, la renovación no es fácil".
Aunque él acepte que cree en la capacidad de sus muchachos, su rostro denotaba que no le gustó lo que vio, a pesar del 4-0, mismo que se tildó como la primera alegría, no lo ve con buenos ojos, "yo no como cuento del 4-0, la verdad". Además, como la cereza en el pastel, que sus dirigidos no se convenzan a la hora de cobrar un tiro penal. "Hasta yo, si me convenzo, puedo cobrar un penal", lo aseguró un señor de 59 años, respetablemente un potencial jugador de la máster 50 de mi amigo "Foncho" Méndez.
A esa edad, "El Bolillo" reconoce que es largo el camino y nuevamente suena "la renovación no es fácil", esa palabra que me retumba en la cabeza, y que en algún momento puede ser el detonante para que el "míster" haga sus maletas y se vaya.
Aunque hoy aún se sienta la resaca del espejismo del 4-0 frente a Cuba y muchos arrancaron su compresor para llenar el globo, pienso, que a pesar de lo profesional del técnico, el bajo nivel de nuestro fútbol y el largo camino que le llevará cambiarle el chip a los jugadores, con lo que él quiere, acabará con su paciencia.
Y si no me creen escuchen, no solo oigan sus palabras, cada vez que dice que hay mucho que trabajar, es difícil la renovación, pareciera que no me entendieran y que no sabe si pierde mucho o es que estamos aprendiendo, para que se den cuenta que el currículum de El Bolillo es muy grande, para encajar en un fútbol que aún aprende a caminar.