El último lustrador
Un limpiador de calzados ambulante oriundo de Guánico de Tonosí es el único que queda realizando este oficio en la comunidad de Macaracas, en la provincia de Los Santos.
En cada pueblo interiorano siempre encontramos a personajes muy queridos y destacados en la comunidad, yen Macaracas, provincia de Los Santos, está el último limpiabotas o zapatero, como se les denomina en esta región de Azuero.Se trata del señor Zoilo Vega Meléndez, de 65 años, un lustrador de calzados ambulante que trabaja en este oficio todos los fines de semana, en diferentes sectores de la comunidad de Macaracas.Zoilo jocosamente dice que él anda como el capacho o como Alfredo Escudero, de un lado a otro, buscando siempre alguito de dinero para subsistir. Aprendió mirando y desde niño se dedicó a este oficio en Guánico de Tonosí, donde es oriundo, pero con los años llegó a Macaracas, luego pasó unos siete años en Panamá Viejo, en la capital y en todos estos lugares limpiaba zapatos.En Macaracas, donde se radicó por completo, limpia zapatos en las casas porque la misma gente le dice que acuda para que le lustre los calzados.Por los zapatos medianos cobra 50 centavos y por los grandes, $1.00, además la mayoría son zapatos negros y chocolates.Según Zoilo, ya la gente no usa zapatos blancos, solo las enfermeras.Están desapareciendoPor día limpia dos y tres pares porque ya la gente no tiende a pagar porque lelimpien los zapatos y por eso han ido desapareciendo los zapateros en la región de Macaracas. Zoilo recuerda que cuando llegó a Macaracas, había muchos zapateros y hoydía solo queda él.Las personas en el pueblo lo conocen y no solo por su oficio, ya que -según la gente- tiene muchos cuentos y a ellos siempre les gusta conversar con él.Zoilo vive solo en una pequeña casita que les construyeron las autoridades de la comunidad en el sector llamado Los Aguacates, ubicado en el mismo pueblo de Macaracas.Solo limpia zapatos los fines de semana porque en la semana se dedica a limpiar el patio de su casa.No tiene otro oficio, antes vendía helados en la calle, pero las personas a las que les trabajaba dejaron este negocio, al surgir compañías más grandes, que contratan a personas de otras regiones para que les vendan su producto.