Cielo azul y brillante, más una agradable temperatura de otoño. Y sin atrasos. Ingredientes inmejorables para que Brasil diera el jueves el puntapié inicial de la Copa del Mundo.
En el estadio Itaquerao de Sao Paulo, teñido de amarillo, la gala se apegó a las más puras tradiciones del país, anfitrión de la máxima cita del fútbol por primera vez en 64 años.





