Se dice que quien lee, escribe, y así fue para el profesor Herminso Rovira, quien desde primaria leía mucho.
Y un día de tantos en que hacía remembranzas, en compañía de una de sus primas, sobre sus vidas en común allá en el campo, ella le dijo: ¿Recuerdas que mamita nos reunía, todos los días a rezar después de la cena? ¡Yo no sé por qué rezaba tanto! Al escucharla, el escritor le dijo: Me acabas de dar el nombre de la novela que escribiré sobre la vida de nuestra familia.





