Curundú era en otros tiempos un laberinto de viviendas destartaladas de madera y pestilentes canales abiertos de drenaje, uno de los peores refugios de la Ciudad de Panamá para los pandilleros y narcotraficantes.
Entonces, hace tres años, el gobierno derribó las precarias viviendas y construyó un dinámico vecindario de edificios de apartamentos, con calles asfaltadas, canchas de baloncesto y terrenos con césped artificial.





