Cuando seamos grandes, no nos olvidemos que para las noches se hicieron los cuentos, los Reyes Magos y los duendes buenos.
No olvidemos que en una vereda cabe un mundo entero de risas y ruedas, que no hay mar tan nuestro como el de la acequia, que con los pedales de una bicicleta lo que queda lejos siempre queda cerca.
No nos olvidemos de las maravillas que guardan dentro las cosas sencillas, los viejos cajones, la flor, la semilla. La vida es un viaje y es cuestión de vida sentarnos al lado de la ventanilla.





