Solo faltaba un tono para que la llamada cayera en contestadora. Al otro lado del teléfono, Alberto Mosquera sufría los duros golpes de una tormenta de críticas por haber dado positivo en un control antidopaje.
Con tono serio y desafiante, Mosquera atendió la llamada. Por su voz se comprobó que estaba a la defensiva. Preguntó sin vacilar de qué se trataba la entrevista, y al instante descargó toda su furia contra una acción por la que dijo, con el corazón en la mano, estará arrepentido por el resto de su vida.





