Hay un producto medicado que no falta en los hogares. Lo recuerdo desde niña, cuando era usado por mi madre para aliviar heridas y todo tipo de enfermedades, y si no había, la vecina tenía.
Envasado en una pequeña latita, en lo único que ha variado el milagroso Vick Vaporub es en el precio. Creado en 1890 por Lunsford Richardson, era y sigue siendo la pócima sanadora de las mamás. Para calmar la tos y descongestionar las vías, nos embatunaban el pecho, la espalda, el cuello, detrás de las orejas y hasta en los pies, tratamiento que se ha repetido de generación en generación.





