Miles de peregrinos cumplen hoy promesas, aglomerándose en la estrecha entrada del histórico pueblo de Portobelo, Colón, para venerar al Cristo Negro.
Un Cristo de ojos oscuros y tristes, con los que mira fijamente a todos.
Uno de esos peregrinos es la señora Paula Santizo, quien lleva más de 50 años de ser devota del Nazareno. Ella ha recibido muchos milagros del Cristo Negro, uno de los que más recuerda es cuando sanó del asma a su hija, luego de ponerla a dormir por más de cinco horas en la iglesia de Portobelo.





