Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo, sentado al pie de una palmera. A poca distancia reposaban sus camellos, pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de un mercader que iba a vender a alguna ciudad vecina.
Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se aproximó al pensativo mercader, diciéndole: - Buen amigo, ¡salud! pareces muy preocupado. ¿Puedo ayudarte en algo?
- ¡Ay! respondió el árabe con tristeza. - Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas.





