Hace más de 20 años, trabajé en una empresa gubernamental. En aquel entonces, me avergonzaba observar que muchos de los funcionarios se apostaban diez minutos antes de la hora de salida ante el reloj de marcar.
Y antes de eso, las damas iban al baño a acicalarse y los varones... a hacer lo mismo.
En otras palabras, al menos veinte minutos antes de salir, simplemente no trabajaban. Si eso se multiplica por cinco días a la semana, le hurtaban al Estado casi dos horas, y al mes, un día de trabajo.





