Vamos a los Juegos Olímpicos de Londres. No importa cómo, pero vamos.
El deporte panameño está sumido en la mediocridad y solo basta con echarle un vistazo a la delegación nacional para darnos cuenta de esta realidad: de siete atletas, cinco van por la vía invitacional.
¿La culpa es del atleta? Claro que no. La culpa es de unas dirigencias resquebrajadas, más preocupadas por subirse en el avión que por buscar los recursos que les permitan sacar a sus disciplinas del atolladero.





