Edna Herrera es una de esas amigas, a pesar de ser profesora jubilada, no hay un sábado que falte al puesto, pues allí recogen desde ropa hasta libros de segunda, y todo es vendido a precios módicos.
Alrededor de las 6:00 a.m. ellas llegan y de inmediato se ponen a ordenar toda la ropa, la que es comprada en su mayoría por los indígenas.





