A veces me pregunto de qué están hechas ciertas mujeres. Las veo trabajar y jamás las he visto descansando o, mejor dicho, haraganeando un rato, como para darse un respiro.
Algunas, incluso, me recuerdan aquel conejito de una marca de baterías alcalinas, que mientras los demás iban cayendo uno a uno porque se les acababa la energía, él seguía como si nada.
Este fin de semana estuve observando a una de ellas allá en Cerro Punta, específicamente en un restaurante donde la comida no solo es sabrosa, sino que es fresca , preparada con ingredientes recién cosechados de la huerta.





