Durante esta etapa se construye la personalidad.

Por:
Dr. Carlos Mena -
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Jueves 09 de junio de 2011 01:27 PM

La importancia que se le concede hoy día a la adolescencia es algo relativamente novedoso, ya que antes simplemente se consideraba que se daban una serie de cambios biológicos.

La adolescencia es una etapa de aprendizaje, en la que el joven intenta valerse por si mismo. En muchos aspectos no cuenta con una experiencia propia y así muchas de las cosas que hace son una auténtica novedad, por lo que se podría decir que su sistema de aprendizaje es mediante ensayo y error.

Con la llegada a esta etapa de la vida, se produce una progresiva maduración en tres planos diferentes: psicológico, biológico y social.

El principio de lo que llamamos adolescencia se podría fijar en la pubertad, es decir, cuando se producen los cambios biológicos correspondientes en cada sexo. El final de la misma, resulta bastante más complicado de precisar, ya que no está tan claro cuándo una persona ha alcanzado esa madurez tanto psicológica como social.

La adolescencia es una etapa de transición entre la niñez y la madurez, pero también tiene carácter propio, porque es en este momento cuando se construye especialmente la personalidad (aunque sea un proceso que dure toda la vida).

Se trata de ir asumiendo paulatinamente nuevos retos y evolucionar de una conducta dependiente a otra más autónoma, de una dependencia familiar a una mayor autonomía, en definitiva ir asumiendo nuevas y mayores responsabilidades. Poco a poco los antes niños son absorbidos por las preocupaciones propiamente adultas.

En muchas ocasiones hemos oído referirse a la adolescencia como etapa de rebeldía y crisis. En cierto modo esto es así, son crisis que se podría decir favorecen ese crecimiento.

En muchos casos uno se siente confuso y perdido, se da un cierto miedo a tomar decisiones y a comprometerse. Ya que es una etapa de profundos y constantes cambios.

Es en definitiva un largo proceso que se orienta al logro de una madurez tanto psicológica como social.

Es un camino que recorre toda persona madura (o debería haber recorrido, ya que hay personas que parece viven en una constante adolescencia), pero por supuesto para ninguno de nosotros el viaje será el mismo, ya que no existe un único modo de ser adolescente.

No es algo uniforme y constante que se repita en cada uno de nosotros, sino que se trata de algo bastante más complejo y heterogéneo.

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