Phil Jackson pensó que el equipo que había armado de cara a esta temporada tenía las herramientas necesarias para clasificar a la postemporada y darle un poco de esperanza a una afición que lleva más de cuatro décadas orando por un campeonato.
Lo que el presidente de los New York Knicks desafortunadamente logró fue la construcción de un conjunto que con cada partido que juega y pierde se solidifica como el hazmerreír de la NBA.
Y por eso, Jackson aceptó la culpabilidad de la funesta temporada que están experimentando los Knicks.
Esta es un mea culpa. Asumo la responsabilidad, afirmaba Jackson horas antes de que su escuadra, que precisamente iguala todas las características de un plantel de liga de verano, viera su balance empeorar a 5-35, el peor de la liga.









