Lo primero que se antoja por una final entre Kei Nishikori y Marin Cilic en el Abierto de Estados Unidos es descalificarla por el discreto perfil de sus dos protagonistas.
Grave error. El duelo entre estos dos debutantes en la definición de un Grand Slam no tendrá el abolengo que dispensan los nombres de Rafael Nadal, Roger Federer, Novak Djokovic y Andy Murray, pero no deja de ser fascinante.
También marca el resquebrajamiento del monopolio que los Cuatro Fantásticos'' habían mantenido durante casi una década en las cuatro grandes citas de la temporada.
No es necesariamente el final de una era, sino una especie de reacomodo en la jerarquía del tenis masculino. Nadal, Djokovic y Murray, si las lesiones no se ceban con ellos, están en condiciones de seguir ganando títulos.
Pero los menos ilustres'' le han perdido el miedo a los de arriba, algo que empezó a germinarse con la consagración de Stan Wawrinka en el Abierto de Australia.









