Panamá tiene la gran oportunidad de no ser olvidada más nunca en el mundo del fútbol. Sí, de ser recordada por siempre, hasta mucho más allá de la eternidad. Incluso, la Roja de los más de tres millones de panameños puede terminar como el rey de la Copa Oro 2015 sin siquiera disputar este trofeo, el cual hoy está embarrado de excremento, de ese material pestilente de la corrupción que brota a lo interno de la Concacaf y de la Fifa.
Señores de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut), cuerpo técnico y jugadores de la Selección Mayor de Fútbol de Panamá, hoy, en sus manos, ustedes tienen la más grandiosa y valiosa oportunidad para ganarle por goleada a la corrupción. El instante perfecto para pasar a la historia y elevar al cielo una señal de protesta ante los ojos del mundo. Situación inigualable con las cámaras del mundo puestas en el partido a celebrar con uno de los grandes taquilleros, Estados Unidos, por el tercer lugar de la Copa Oro 2015.
Claro, jamás puedo estar de acuerdo con que la tropa istmeña no juegue ante Estados Unidos. No hay que perder la cabeza, porque si no se juega, viene una sanción. Es por eso por lo que hay que tener los pies sobre la tierra, pensar con cabeza fría y armar un plan que estremezca las entrañas del fútbol.
Créanme que, si en mí estuviera la potestad de decidir, yo enviaría a los 11 guerreros escarlatas al campo de batalla con una venda, que les pidiera que se colocaran cuando el árbitro central pite el inicio del partido. El mensaje no puede ser más claro. Y es que la venda en los ojos representa la objetividad, en que la justicia es, o debería ser siempre objetiva, sin miedo ni favoritismos, independientemente de la identidad, el dinero, el poder o la debilidad; la justicia ciega y parcial.
Estoy convencido de que el mensaje que la Roja le vaya a mandar al mundo futbolero opacará la final que disputarán México y Jamaica. Y créanme, el mundo no recordará al campeón de la Copa Oro 2015, sino la valentía de los futbolistas panameños, que se atrevieron a marcar un precedente, en busca de arrancar de raíz la corrupción que hoy existe en la Fifa, máxima regente del fútbol mundial.
Hoy la Roja vive un sueño que toda selección del mundo añora. Un momento de esos que la vida solo te regala una vez. Un chance que tiró al tinaco de la basura el mexicano Andrés Guardado el 22 de julio de 2015, fecha que ha quedado registrada en los libros de historia del fútbol mundial como el día de la maldita corrupción.
Guardado no tuvo ni la inteligencia ni los cojones para tirar la pelota hacia un lado de la portería, en ese penal que se inventó al minuto 89 el central estadounidense Mark Geiger en contra de Panamá.
Se le olvidó el Fair Play (juego limpio), que hubiera corregido la errónea decisión arbitral y lo hubiera puesto en la inmortalidad futbolística. Ocasión que sí no debe desperdiciar el sábado Panamá ante Estados Unidos, porque así lo piden los fanáticos que sueñan con un balompié puro y limpio, lejos del olor maloliente de la corrupción que hoy se respira en la Fifa y en Concacaf.









