Las relaciones entre la FIFA y Rusia, el anfitrión de la próxima Copa del Mundo, atraviesan por tensiones crecientes.
Dos temas principales de fricción han surgido desde el 13 de julio, cuando el presidente ruso Vladimir Putin se sentó junto al líder de la FIFA Joseph Blatter durante la final de la Copa del Mundo en Río de Janeiro: el control de los clubes de fútbol de Crimea y el alto costo de los estadios para el próximo Mundial.
Los intentos de las autoridades futbolísticas en Rusia por integrar a tres clubes de Crimea esta temporada _sin el consentimiento de Ucrania_ han agravado la tensión entre las federaciones de fútbol de los dos países integrantes de la FIFA y de la UEFA.
Aunque los órganos reguladores del fútbol en el mundo y en Europa tienen motivos para advertir a la Unión Rusa del Fútbol sobre una potencial sanción, ninguno ha dado ese paso.
En el otro tema, Blatter considera que el próximo Mundial resultaría mejor con 10 ciudades sede, en vez de las 12 contempladas en el proyecto de 20.000 millones de dólares que respalda Putin. Pero el ministro ruso del deporte Vitaly Mutko, quien es también miembro electo del comité ejecutivo de la FIFA, rechazó esa propuesta de reducción.
Las declaraciones de Mutko siguieron a un encuentro durante el fin de semana entre Blatter, quien visita regularmente Rusia, y Putin, quien habla con fluidez el alemán, lengua nativa del mandamás de la FIFA.
En un escueto comunicado, la FIFA informó que las conversaciones en Sochi, de las que no se había informado con antelación a la prensa, abordaron "asuntos relacionados'' con el Mundial de 2018.
La declaración de tres párrafos de la FIFA no especificó si Blatter y Putin hablaron sobre el estancamiento actual en la situación sobre los clubes de Crimea.
Blatter reiteró que el asunto de Crimea "debe ser atendido por'' la UEFA, de acuerdo con información dada por la FIFA sobre el viaje a Rusia, el cual incluyó conversaciones con Mutko y con el director general del comité organizador Alexey Sorokin.
Las acciones diplomáticas de la FIFA con Rusia parecen moderadas. Normalmente, el organismo rector del fútbol exige el cumplimiento estricto de la regla que prohíbe la interferencia gubernamental en la forma en que las federaciones de fútbol manejan sus asuntos.
En otros casos, la FIFA ha fijado públicamente plazos para que los gobiernos o tribunales nacionales retiren sus amenazas o fallos. De lo contrario, se suele suspender a los equipos y dirigentes de ese país, que quedan al margen de partidos y reuniones internacionales hasta que se restablece el orden exigido por la FIFA.
Es posible que la Unión Rusa del Fútbol haya actuado sin consultar al gobierno el mes pasado, cuando anunció que los clubes de Crimea, Sebastopol, Tavria Simferopol y Zhemchuzhina Yalta, se habían incorporado a la tercera división de Rusia. Los clubes dejaron la liga ucraniana después de la campaña anterior, pero su transferencia a Rusia no ha recibido la aprobación de la UEFA, cuya autoridad está encima de la FIFA en asuntos que sólo involucran a Europa.
La semana pasada, cuando esos equipos disputaron sus primeros encuentros de la ronda preliminar de la Copa Rusa, las autoridades ucranianas del fútbol protestaron una protesta ante la UEFA y la FIFA, y exigieron medidas al respecto.
Una solución podría llegar la semana próxima en Mónaco, donde todas las partes se reunirán en las márgenes del sorteo para definir los grupos de la Liga de Campeones de Europa.
Sobre el tema de los estadios para el Mundial, éste figuró en la agenda en Sochi, según la FIFA.
Blatter sugirió "una posible reducción en el número de sedes para la Copa del Mundo de 2018, y presentó propuestas vinculadas con la capacidad de los estadios''.
El martes, Mutko defendió el plan acordado con la FIFA hace un par de años.
"El concepto de que 12 estadios en 11 ciudades albergarán los partidos del Mundial no ha cambiado'', dijo Mutko, citado por la agencia ITAR-Tass. "La FIFA recomienda 10 estadios en nueve ciudades, incluidos dos en Moscú''.
La decisión final podría surgir entre el 25 y el 26 de septiembre, cuando se reúna el comité ejecutivo de la FIFA en Zurich.
Lo que está claro es que la actitud internacional sobre una Copa en Rusia ha cambiado desde que Brasil superó las expectativas al organizar un Mundial exitoso.
La caída de un avión comercial de Malaysia Airlines, el mes pasado en el oriente de Ucrania, derivó en que legisladores occidentales exigieran que se despoje a Rusia de la sede del Mundial. Han surgido acusaciones de que separatistas rusos derribaron la aeronave.
Blatter ha rechazado esas exigencias, lo mismo que el presidente de la UEFA, Michel Platini.









