Antisociales se introdujeron al templo de Nuestra Señora de la Merced para robar y han profanado el Santísimo Sacramento, acto grave que hiere las más profundas convicciones religiosas del pueblo panameño, que en su mayoría confiesa su fe católica.
La Eucaristía es el tesoro más preciado de la Iglesia Católica, porque en ella está real, vivo y permanentemente presente el Señor Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Para nosotros los católicos, la adoración al Señor en el Santísimo Sacramento es el momento más precioso y sagrado.
Las personas involucradas en este acto de profanación quedan excomulgadas inmediatamente, según lo indica el Código de Derecho Canónico en el canon 1367, que establece que: Quien arroja las especies consagradas, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae, reservada a la Sede Apostólica.
El Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, en nota publicada en 1999, que tenía por objeto explicar la correcta interpretación del canon antes citado, señala: Dado que la Eucaristía es el centro y la raíz de la vida de la Iglesia, se comprende el cuidado y el empeño de los Pastores de la Iglesia para que este Don inestimable sea profunda y religiosamente amado, tutelado y rodeado de aquel culto que exprese del mejor modo posible, a la limitación humana de la fe, la Presencia real de Cristo cuerpo, sangre, alma y divinidad- bajo las Especies Eucarísticas, y también después de la Celebración del Santo Sacrificio.
Y añade en la nota del Dicasterio que, quien arroja las especies consagradas, es decir, toda acción que desprecie o profane la Eucaristía, comete grave delito de sacrilegio contra el Cuerpo y Sangre de Cristo, y queda excomulgado 'latae sententiae' esto es, de manera automática e inmediata, quedando reservada su absolución a la Santa Sede.
El Arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, mañana miércoles a las 3 pm, realizará en el templo de La Merced (Casco Antiguo) una Misa de reparación y desagravio a Jesús Sacramentado.
Se exhorta a los católicos de movimientos, grupos parroquiales, etc., a participar de este acto de desagravio como manifestación de amor y adoración al Señor, presente en la Eucaristía.









