- diez niños trabajaban en los cementerios Amador, Pueblo Nuevo y Juan Díaz.
- sus edades oscilan entre los seis y 15 años. Ellos no deberían trabajar.
Los dos portones del Cementerio Amador estaban abiertos, a primera vista se divisó a un niño de siete años que lo primero que preguntó fue: ¿Vas a pintar? Cobro dos dólares.
Todo esto era lo que se vivía en el camposanto, donde decenas de panameños visitaban ayer a sus muertos para que sus tumbas estuvieran limpias hoy, Día de los Difuntos.
Estos niños procedentes de barrios como El Chorrillo, Santa Ana y Barraza no temen a los muertos, pues arreglar las tumbas es su fuente de ingreso.
La mirada ruda de Víctor, de siete años, podía intimidar a sus demás compañeros, quienes llevaban los tanques de pinturas y él les decía en qué parte comenzar a pregonar, cortar la hierba, limpiar las tumbas y osarios, además de recoger la basura y renovar la pintura.
Al menos 40 niños y adolescentes entre esas edades cambiaban sus horas de juego por baldes, toallas, pañuelos e instrumentos con los que trabajan.
Al lugar llegó personal del Departamento de Protección y Erradicación del Trabajo Infantil de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, que tuvo el primer acercamiento con los niños buscando sus datos. A sus padres se les envió una citación, y si de tal caso no asisten, se les hará la visita domiciliaria.









