Entre un caso de femicidio y la muerte violenta de una mujer hay un estrecho muy angosto, que en la mayoría de los casos puede acercarse más al determinar que el victimario es una persona muy allegada a la víctima.
En la mayoría de las investigaciones se determina que el agresor de las féminas termina siendo su excónyuge o un individuo muy cercano a su círculo.
"La mujer ha sido considerada como un apéndice, no como un sujeto de derecho y como históricamente se ha estado condicionado por ese tipo de estereotipos patriarcal y machista, es por eso por lo que se ve difícil que el fenómeno no se vaya prolongando con el pasar de los años", recalcó el fiscal de Circuito Sección de Familia de Panamá, Miguel Herrera.
Por su parte, María Medina, fiscal de Circuito de la Fiscalía Superior de Homicidio/Femicidio, indicó que el tema de los femicidios tiene mucho que ver con esa posición de la mujer dentro del seno familiar y la sociedad para ocupar ese lugar que merece.
Frente a este escenario, las cifras no dejan de preocupar a las autoridades, ya que los números mantienen una tendencia a la alza con el pasar de cada nuevo año.
Esto se respalda en que el año 2016 fueron ocho las muertes violentas de mujeres que se presentaron, sin embargo, solo hasta el mes de enero del año en curso ya eran nueve las incidencias registradas, es decir, un caso más en un solo mes, comparado con los 12 meses anteriores.
Liriola Leoteau, directora general de Instituto Nacional de la Mujer, reconoce que cada vez son más los hechos que se dan, no obstante, apunta a que ya hay que pasar del discurso a la acción, considerando que cada muerte de una mujer representa unir cada vez más esfuerzos con la articulación de todas las entidades.









