@b_ducreux
El reloj marcaba las 7:15 p.m. del pasado lunes, y a esa hora Víctor Castillo, sentado en una piedra cerca de su vivienda en Altos de Howard, Arraiján, conversaba con su vecina, cuando presenció la caída de la avioneta Piper Seminole con matrícula HP-1898BL.
En esta comunidad donde habitan 54 familias, la penumbra no fue obstáculo para que caminaran más de dos horas, con el fin de salvar a los tripulantes Josué Núñez y Héctor Sánchez.
El camino fue largo, llevamos linternas, recuerda Castillo, quien de inmediato observó que detrás de él, 12 hombres lo acompañaban al área donde el avión se desplomó a tierra.
Sus pasos se aceleraban cada vez más. Hasta se pudo percatar que algunos corrían, su objetivo era salvar a alguien, cosa que no ocurrió, porque cuando visualizaron la avioneta, vieron dentro de esta cómo uno de los tripulantes era consumido por el fuego. En ese momento el silencio imperó en el lugar.
No podían hacer más nada que seguir llamando a las autoridades para darles las coordenadas del lugar, expresó. Los rostros de asombro de adolescentes y adultos, quienes intentaron salvar a los jóvenes pilotos, quedarán guardados en la memoria de Víctor Castillo.
Algunos de los moradores de Altos de Howard, Llano Bonito y Valle del Sol piden fortaleza y resignación a las familias de las víctimas, pero también más precaución a la hora de volar, ya que mañana podrían ser sus viviendas donde se precipite una aeronave.









