El presidente Ricardo Martinelli termina el martes su mandato con la satisfacción, que no esconde, de haber impulsado el cambio y la modernización del país, lo que para algunos ha sido a costa de un supuesto autoritarismo y estilo de gobernar abierto a la confrontación.
Martinelli ha ido preparando su adiós defendiendo que su legado está en las obras que ejecutó, como el primer Metro de Centroamérica, y en el pujante crecimiento de Panamá, comprometiendo, de paso, a su sucesor Juan Carlos Varela a que las continúe.
Panamá es líder en crecimiento regional y la expectativa es de una expansión de entre un 6 % y un 7 % del Producto Interno Bruto (PIB) este año, según organismos internacionales.
El gobernante ya condecoró a su equipo de ministros de Estado por los servicios prestados y presumió de que la ejecutoria de todos ellos será echada de menos en el país.
También podría presumir Martinelli de que es uno de los mandatarios salientes con el más alto nivel de aceptación en la región puesto que una encuesta final sobre su gestión de gobierno marcó el 68 % de aprobación.
"Hace cinco años, junto a un pueblo lleno de esperanzas, empecé el camino del cambio. No fue fácil recorrerlo, algunos intentaron detenerme, pero nunca me rendí ni me vendí. Escogí el camino difícil, el camino del pueblo porque caminé en sus zapatos", afirmó el gobernante en un breve mensaje televisivo de despedida.
En este recado, Martinelli, propietario de una de las cadenas más extensas de supermercados en el país, presumió que "aquí están las obras que una vez fueron sueños imposibles y que hoy son realidad".
"Gracias por haberme dado la oportunidad de servirles, sin su apoyo el cambio no hubiera sido posible. No dejen de soñar en grande", remarcó Martinelli, presidente del partido Cambio Democrático (CD) y que ganó las elecciones de mayo de 2004 junto al Partido Panameñista (PPa) en una alianza que duró hasta que ambos grupos rompieron en agosto de 2011.
Además del Metro, su más emblemático proyecto inaugurado en abril pasado, Martinelli, considerado por analistas como un populista de derechas, estableció programas sociales que recibieron respaldo popular.
El programa mensual de subsidios a los ancianos sin pensión llamado "100 a los 70"; la "beca universal" para estudiantes; y la pensión vitalicia para los envenenados en 2006, por una sustancia tóxica mezclada con medicinas del Seguro Social, fueron sus baluartes.
En las antípodas del éxito estuvieron el incremento del costo de la canasta básica familiar; la falta de seguridad en las calles; las acusaciones de injerencia del Ejecutivo en otros órganos del Estado; y el supuesto uso de dinero del Estado en la campaña política del candidato oficialista, José Domingo Arias, en las elecciones del 4 de mayo pasado, ganadas por Varela.
También tuvo que enfrentar Martinelli fuertes críticas y movilizaciones populares en rechazo a polémicas medidas en temas como justicia, medio ambiente, el derecho a huelga o los procedimientos policiales.
Algunas de estas manifestaciones populares se saldaron con muertos y heridos tras enfrentamientos de la Policía con indígenas u obreros.
Además, Martinelli fue cuestionado por "comprometer" la política de neutralidad de Panamá al expresar su apoyo a Japón en una disputa territorial con China.
El analista político Miguel Antonio Bernal dijo a Acan-Efe que Martinelli significó "cinco años de crispación permanente" para la sociedad panameña.
Una similar opinión es la del analista Nils Castro, que considera que "el régimen de Martinelli sometió al sistema político panameño (y a sus instituciones) a un estrés extraordinario".
Asimismo, el abogado y consultor ambiental internacional Rodrigo Noriega critica a Martinelli sus "tendencias más autoritarias" que utilizó para impulsar el "extractivismo en forma de hidroeléctricas y de minería metálica a cielo abierto (...) aún a costa de la oposición de campesinos e indígenas quienes sufrieron las peores represiones en más de 25 años".
Bernal fue más allá y afirmó que con Martinelli "Panamá dejó de ser un Estado que tenía un Gobierno, para convertirse en un Gobierno que tenía un Estado, para actuar dentro de éste a su antojo y no de acuerdo a la norma".
Martinelli también deja al país con "una deuda extremadamente elevada -que ronda los 17.000 millones de dólares- que supondrá un sinnúmero de sacrificios a la población", agregó Bernal.
Aún así, en su última cita internacional este viernes en la Cumbre del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), celebrada en Punta Cana (República Dominicana), Martinelli se despidió "feliz" de los presidentes de la región y "satisfecho" del "deber cumplido".
El gobernante reconoció sus "aciertos" y "desaciertos" durante los cinco años que estuvo en el poder y dijo que en su gestión logró llevar a Panamá "por un sendero de paz y progreso".
En Punta Cana, Martinelli afirmó que su vuelta a la Presidencia dependerá "de la voluntad del pueblo".
Pero Noriega cree que si Varela cumple "con éxito" el mandato de gobernar con "mesura, honestidad y transparencia (...), irónicamente, el legado más importante de Ricardo Martinelli será que un gobierno como el suyo no se podrá repetir en Panamá".









