Queridos abuelos y abuelas:
Desde la tierra natal de San Juan Pablo II, Polonia, imploro bendiciones por cada uno de ustedes, cimiento seguro de generaciones, que alberga el tesoro de la sabiduría que la vida ofrece por los años recorridos.
Quiero agradecer, en nombre de sus hijos y sus nietos, todo el cariño y el amor que han prodigado a sus seres queridos, tanto a los que les une el vínculo de la sangre como aquellos que los une el vínculo del amor.
Que cada vez más valoremos lo que significa un abuelo y una abuela en la familia, con todo lo que implica esta etapa en que para algunos los pasos se hacen más lentos, los cuentos repetitivos y con olvidos casi permanentes. En medio de su realidad, ellos no dejan de ofrecer su cariño y respeto a sus seres queridos.
El abuelo y la abuela requieren del amor y la atención familiar, que quienes les rodean podamos asumir su realidad, con amor y paciencia. También son merecedores, porque se lo han ganado, de la implementación de políticas públicas que le garanticen una vida digna, con medicamentos accesibles, atención médica de calidad, en fin de condiciones que les permita gozar plenamente de su ancianidad.
Oramos por la vida de cada uno de ustedes queridos abuelos y abuelas, para que sigan siendo lo que están llamados a ser, en la sociedad y en la familia, transmisores de la fe y esperanza para hijos y nietos.
Y a nosotros, solo nos resta recordar lo que dice el Eclesiástico: Hijo mío, socorre a tu padre en su vejez y no le causes tristeza mientras viva. Aunque pierda su lucidez, sé indulgente con él; no lo desprecies, tú que estás en pleno vigor. La ayuda prestada a un padre no caerá en el olvido y te servirá de reparación por tus pecados" (Eclesiástico 3,12-14). Que este pasaje bíblico nos ayude a comprender el rol importante que tienen los ancianos en nuestra identidad familiar, cultural y espiritual, como lo tuvieron San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesucristo.
Que les bendiga el Dios Padre Misericordioso, de manera especial en este día de los abuelos, fiesta de San Joaquín y Santa Ana.
José Domingo Ulloa Mendieta
Arzobispo Metropolitano









