Las clases en línea han sido un reto para muchos, en especial para los universitarios que se preparan para convertirse en los próximos profesionales.
Foto ilustrativa / Freepik.
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Por:
Ana Cristina Quinchoa -
[email protected] | @AnaQuinchoa |
Miércoles 01 de julio de 2020 12:15 PM

Con los centros de estudio cerrados por la pandemia del coronavirus, la educación ha dado un giro improvisado a nivel mundial, donde el modelo tradicional de recibir clases en un salón ha sido reemplazado temporalmente por las aulas virtuales, donde el estudiante adquiere conocimientos a través de una pantalla, para evitar más contagios de COVID-19.

En Panamá, los resultados no han sido del todo satisfactorios. Aunque no se trata de un resultado concluyente, un sondeo realizado en la red social Twitter del diario Día a Día reveló que para el 46 % de los votantes las clases virtuales han sido malas, 39 % cree que son regulares y el 15 % considera que son buenas.

 

 

Pero, quien mejor que los propios universitarios para contar las vivencias de las clases a distancia y cómo han tenido que lidiar entre la incertidumbre que genera la pandemia y las exigencias de sus carreras.

Estos son algunos testimonios de universitarios en Panamá:

Massiel: “No es lo mismo que estar en un aula de clases. Estoy decepcionada, ya que hay profesores que no dan sus clases, y hay otros que no saben utilizar las plataformas. Tengo una materia donde solo me mandan trabajos, al ser muchos, no logro hacerlos completos y aun así el docente me califica con 100. La verdad no sé si solo lo revisa por encima o no lo hace. Otra dificultad es el internet, porque se pone lento y no se escucha completo el audio. Hasta el momento, no hacemos parciales, solo subimos los trabajos a Google Classroom. Pienso que deben capacitar más a los profesores para que estén empapados más en lo tecnológico”.

Alberto: “Estudio en la Universidad de Panamá. Puedo decir que las clases virtuales están en un 50 % bien y el otro 50 % deficiente, ya que hay profesores que se han negado a atender grandes grupos, lo que han hecho es separar y poner profesores sustitutos que igual no atienden en los horarios establecidos, ya que aducen tener otros trabajos, y piden atendernos los fines de semana. Hay otros profesores que no saben llevar sus clases en línea, pero poco a poco se han ido adaptando. También hay que resaltar que hay educadores que han logrado realizar un buen trabajo. Pienso que la UP está dando un primer paso, quizás algunos estamos incómodos, pero con el tiempo nos veremos beneficiados. La educación no se debe detener”.

Juan: “Para mí, las clases virtuales han sido de mucha ayuda por la pandemia, ya que no es necesario ir directamente a la universidad y evita un riesgo al contagio del coronavirus.

Sin embargo, hay que admitir que no todos tienen la facilidad de conectarse, ya sea por no tener un buen celular, wifi o no tener dinero para comprar una tarjeta para activar los datos. Las clases que recibo han sido buenas, inclusive a través de una plataforma hay más oportunidades de preguntar a los profesores cuando algo no se entiende”.

Jocelyne: “La educación a distancia ha sido un reto para aquellos estudiantes que no cuentan con una computadora o con servicios de internet. La triste realidad en mi caso, es que algunos profesores no ven el esfuerzo que damos para poder recibir las clases, teniendo como obstáculo la falta de comunicación, ya que en las plataformas hay hasta más de 40 estudiantes con opiniones diferentes y dificultades que no son escuchadas.

Otro aspecto es que hay muchos profesores que no se conectan a su hora, incluso hay otros que dejan trabajo en fin de semana para el día que les corresponde dar sus clases, cuando no debería de ser así, ya que para eso tenemos un horario que debería ser respetado también por ello.

Estudio Licenciatura en Administración de Empresas Marítima en la Universidad de Panamá. Lo bueno que puedo resaltar es que no madrugamos a buscar un transporte”.

Miriam: “Las clases han sido buenas, pero no es lo mismo que las presenciales, ya que al ser virtuales se reduce el tiempo. Antes yo daba clases de 8 a.m. a 4 p.m. los sábados, en cambio ahora solo recibo tres horas. Cuando estamos en clases por Zoom, utilizamos el WhatsApp para hacer preguntas y despejar algunas dudas. En cuanto a las clases de laboratorio, todas se han tenido que desplazar, ahora solo recibimos materias teóricas. Todo esto, debido a que muchos no tienen computadora en casa, mucho menos los programas que se necesitan para realizar los talleres”.

“El aprendizaje sí se logra, solo es cuestión de que el profesor busque la mejor manera de dar su clase, que sea dinámica y concisa, y principalmente que el estudiante sepa aprovechar el tiempo”.

S.B. (seudónimo): “Las clases virtuales han sido un verdadero reto. A mí me tomó desprevenida el tener todo lo necesario para cumplir con las clases en línea, como la computadora e internet estable. Dentro de lo bueno puedo rescatar que han mantenido mi mente ocupada, pues invierto mi tiempo en mis estudios y así mis pensamientos no divagan tanto en lo difícil de la pandemia. Lo negativo es que me he topado con profesores inflexibles que no entienden que no todos cuentan con los mismos recursos.

Yo estudio Licenciatura en Bellas Artes con Especialidad en Música en la UP, y hay materias que requieren de un programa especial para componer música. Algunos compañeros no contaban con computadora, incluso sé de profesores que no aceptaban los trabajos a mano. Es frustrante lidiar con los problemas cotidianos de la pandemia y a su vez sentir las exigencias de la universidad.

Ha sido un reto tanto para profesores como para estudiantes, pues no estábamos preparados para algo así, pero sin duda luego de esta situación comenzaremos a ver la educación virtual de otra manera”.

Una modalidad educativa forzada

Cuando las clases virtuales comenzaron, producto de la pandemia, había mucha incertidumbre, dijo Magaly Velásquez, presidenta del Centro de Estudiantes de la Universidad Tecnológica de Panamá, ya que empezaron ‘sin saber’, pero con el tiempo han ido mejorando.

Antes de iniciar el semestre se tuvo que trabajar fuerte con los profesores. Velásquez manifestó que el 80 % se ha podido adaptar a la nueva modalidad. Han mejorado sus estrategias educativas con la utilización de distintas plataformas y el uso de correos institucionales para acceder a clases.

Sin embargo, lo negativo es que aproximadamente 4 mil universitarios se les dificulta recibir sus clases en línea, admitió Velásquez, ya sea por falta de ingresos, equipo o conexión a internet.

Por este panorama, la también estudiante dio a conocer que los directivos de la universidad crearon un fondo monetario de la matrícula. Los servicios que no se utilizan, como la cafetería, gimnasio y demás, han sido donados en comida, datos o equipo a quienes más lo necesitan, para que la educación no se detenga. Hasta el momento, se ha podido reducir el problema en un 20 %.

‘La brecha digital sigue existiendo’, según el experto en tecnología, Alex Newman. En algunos casos puede ser más amplia, sobre todo en comunidades donde no solo no llega internet, sino que los servicios básicos como agua potable, electricidad y otros escasean.

Una manera de cerrar esa brecha digital, dijo Newman, sería a través de incentivos del Gobierno, alianzas público – privadas, y esfuerzos de la empresa privada. Se debe seguir trabajando para que internet sea un derecho como la salud o el agua potable.

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