- residentes desean aprender sobre prevención de desastres y así estar preparados.
Cada vez que llueve, los residentes de Villa Diana, en el distrito de Arraiján, empiezan a subir y bajar santos, y es que en sus mentes aún sigue vivo el recuerdo de la última mala experiencia de las inundaciones en donde fueron afectadas barriadas y comercios de Hato Montaña. Prueba de esto fue ayer, cuando 20 minutos de intensa lluvia mantuvieron en ascuas a los moradores. Y no es para menos, pues cuando la lluvia retumba, así mismo lo hace el río Caimito, cuyos niveles aumentan amenazantes hacia las casas cercanas a sus riberas.
Las aguas se tornaron más chocolates de lo normal, señal de que en su cabecera la lluvia era copiosa, árboles que se doblaban al pasar las ráfagas y las puertas se cerraban por la velocidad del viento; un cielo gris oscurecía el entorno.
Por fortuna y como haciendo realidad las oraciones de los residentes de Villa Diana, el mal tiempo fue pasando y la calma volvió a la comunidad.
Pero no solamente en Villa Diana se experimentó esa zozobra, pues en Nuevo Arraiján, por calle séptima, hasta los perros buscaban refugio fuera y dentro de sus casas, y cosa extraña, las aves sobrevolaban el lugar a velocidad insólita, todo esto colocó en un estado nervioso a sus pobladores, pensaron lo peor.
Parecía que vendría un huracán, aseveró la señora Carola González, quien admitió que oró con toda su fe para que nada malo pasara.
En tanto, un ciudadano quien conversó con Día a Día, mencionó la posible creación de un grupo de voluntarios en las barriadas para futuras situaciones de desastres como los ocurridos en noviembre del año pasado, afectando al menos a 5 mil personas.









