Dejaré a Big Brother y Top Chef a un lado y hoy mi crítica se la quiero dedicar a dos producciones vespertinas: Esto es Guerra de TVN y Calle 7 de Telemetro. Ambas están en la recta final de sus temporadas y eso me da pánico. Tengo todo el derecho a criticar y despellejar a Calle 7, "TV game" de Telemetro, porque si hay alguien que defendió públicamente este formato y, sobre todo sus finales, he sido yo.
Le explico por qué me da pánico. Si usted no lo ha visto, ya empezaron a rotar la pauta, tanto en Telemetro como en TVN, por un lado de los "castings" para el "show" del canal de la Tumba Muerto, y por el otro, de la final del "show" de la 12 de Octubre.
¿Qué tiene esto de anormal para que me dé pánico? Que esos dos "shows" se han convertido en espacios de terror. Es como ver películas espeluznantes, abominables, deleznables. Sin esencia.
Si hay "casting" de una nueva temporada de Calle 7 de Telemetro, ¿qué van a buscar si los talentos de este "show" que son recordados, realmente, son los de la primera temporada porque dentro de todo eran competitivos de verdad? Los de las otras, lo siento, son como figuritas del álbum de Panini: relleno. Entonces vamos a una final equis de casi perfectos desconocidos porque la producción se dedicó a asignarles más payasadas y menos dinámicas de esfuerzo.
Qué van a buscar en los "castings" la gente de Esto es Guerra de TVN si los talentos de este "show" por como los vendieron siempre serán recordados por enseñar de más conscientemente, por sus romances y declaraciones en televisión nacional, o por exponer sus calenturas y vida amorosa con el morbo que caracterizó a sus presentadores sobre estos temas.
Calle 7, que inició y pisó primero, con el tiempo se fue convirtiendo en una cosa horrenda, casi un patio limoso entre los participantes, entre los equipos y la sana competencia se fue desnaturalizando. Ya al final es como una mezcla, muy mala por cierto, de Entrece a Ganar con Sábados con Martínez Blanco, donde podemos ver a sus participantes bailando y casi jugando "la lata" y "la lleva". Patético en lo que quedaron.
En el caso de Esto es Guerra, su producción decidió que sus participantes fueran más conocidos por lo que enseñaban que por lo que hacían y eso se convirtió, además de en una versión muy doméstica de Big Brother en la que hombres y mujeres parece entraron a buscar parejas, en un curso televisivo de cómo alborotar hormonas. De guerra, de competencia y diversión, nadie hablaba, y sí de tetas, nalgas y músculos. ¿En qué quedaron? En otro patético espacio de pleque pleques dizque entre parejas de participantes.
Cuando ambas producciones se vieron enfrentadas por los números de IBOPE al que ahora mágicamente una de las partes no le cree porque no le conviene, parece que la gente de producción de ambos "shows" enloquecieron y lo que al aire nos han presentado en sus últimas semanas y días de esta temporada va de lo ridículo a lo patético haciendo escala en lo deprimente. ¡Pa-té-ti-cos!
Con estos antecedentes tanto de Calle 7 como de Esto es Guerra, ¿qué se puede esperar en sus nuevas temporadas? ¡Nada! Dos proyectos, dos espacios que fueron la sensación de las tardes han quedado en espacios de romances prefabricados, de polémicas pésimamente actuadas, de dinámicas que pecan de torpes, con algunas excepciones, cero competencias de verdad o diversión que nos haga pegarnos a sus pantallas.
Consejo aunque no soy quien para darlos: denle un aire de pantalla a los "shows" o a sus productores mándenlos a un viaje de descanso con todo pago, lejos, pero bien lejos, a un spa en Dubái, de donde regresen relajados hasta en el cerebelo.
Regresen a su esencia, de lo contrario, por mucho que enseñen curvas y músculos o dizque peleen de verdad, van a quedar ofreciendo contenido desde su zona de confort. Verlos hoy a cualquiera de los dos es pan de lo mismo, mejor hagan una cadena de pantallas y listo.
- Es como ver películas espeluznantes, abominables, deleznables. Sin esencia.









