@MariaIsabelMzc
Una gala mágica, como ninguna en varios años, nos regaló el firmamento Hollywood y la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas el pasado domingo, con la octagésima séptima edición de los Premios Óscar.
Es más, para serles sincera, hasta parece triste que falte todo un año para la próxima, porque siempre que hay Óscar quedamos con ganas de más.
Desde la alfombra roja hasta el cierre de la ceremonia, los momentos iban in crescendo uno más épico o emotivo que el otro, aunque, por supuesto, nada es perfecto y podemos deducir que por lo menos quedamos esperando más de la conducción del show por parte de Neil Patrick Harris, y algunos momentos un tanto innecesarios.
Sin embargo, lo más destacable es que fue una noche latina. ¡Oh sí! Al coronarse México como el país ganador, con la impecable racha de la película Birdman, que se llevó el premio más codiciado de la industria, a mejor película del año, además de que Alejandro González Iñarritú, de nacionalidad mexicana, se llevó el de mejor director por esta cinta, que al final de la noche tuvo en su haber cuatro de los grandes premios, pues además se llevó mejor fotografía y mejor guión.
Por supuesto, los ganadores este año fueron menos controversiales, y es que las categorías estaban bastante reñidas.
Julianne Moore ganó como mejor actriz por su papel protagónico en Still Alice, un drama sobre el alzhéimer; Eddie Redmayne se lleva su primer Óscar a mejor actor por su papel en The Theory of Everything, en el que interpretó a Stephen Hawking; Patricia Arquette a mejor actriz secundaria por Boyhood y J.K. Simmons como mejor actor secundario por Whiplash.
Entre lo más destacable, estuvieron los discursos de aceptación con grandes mensajes, desde la libertad hasta contra el suicidio.









