Yo soy el último que va a juzgar al Sr. Celestino Pelenchín Caballero; simplemente porque no soy quién para juzgar a nadie. Punto. También soy el último que lo va a defender y ni cuenten conmigo para hacer leña del árbol caído o que lo convierta en mártir del narcoboxeo, pero de lo que sí no voy a ser el último es en quejarme del exceso y abuso de las televisoras locales, todas, con este hecho.
Y es que desde que se dio la detención del Sr. Caballero el pasado jueves, hemos visto en las televisoras una sobreexposición del tema. Sí, la detención del personaje en mención tenía que ser reportada como un hecho noticioso, se debían buscar reacciones, se debía, por medio de las fuentes orales, buscar las versiones y sí, también es verdad que afecta porque al Sr. Pelenchín lo vimos crecer como deportista, hemos celebrado sus glorias y, en mi caso, hasta sus fallidos gracias a Dios- intentos por ser cantante. A diferencia de otros boxeadores, este generaba empatía con las audiencias. Pero hasta ahí.
Periodísticamente hablando. En un noticiero serio, donde la información sea lo importante y no la carnavalización ni canivalización de la información, este tema debió de aparecer en medios, como mucho, el viernes y retomarlo, sin excesos, en día de la próxima audiencia.
Es increíble, que todavía ayer domingo, los informativos siguieran con la pelenchinmanía, no buscando informar con rigor sobre el caso, sino en esa perversa búsqueda de ratings, de aprovechar de un tema bomba, en este caso, haciendo, directa o indirectamente, leña del árbol caído o dizque, demostrando, cómo nos vamos quedando sin héroes locales.
Sí, Pelenchín cometió, supuestamente, un delito y fue detenido por ello. Decir algo más que eso o reportar algo más que eso es hacer show mediático. Seguir tocando el tema, sin ninguna información nueva de peso o reveladora sobre el caso, tres días después, es relleno, es abuso y no es periodismo.
Todo, absolutamente todo lo que ha salido sobre este caso después del jueves, está carente de equilibrio y sí repleto con desborde de pasión y show. Dejen de hacer infoentertainment. El periodista en un informativo reporta un hecho. Punto. Todo lo demás, es paja.
Aquí he visto gente dándose golpes de pecho, entre juzgando y no, diciendo que las drogas son malas, que hacen daño, etc., pero guardan silencio sepulcral y cómplice sobre la cantidad de contenido sobre narcotráfico, donde algunos se venden como héroes y que sus propias pantallas pautan en diferentes horarios y promocionan sin compasión. ¿Por qué ahí no hablan? ¡Hipócritas!
Ellas TV
Ayer domingo, a las 11 de la mañana, fue el estreno por Telemetro de Ellas TV, la versión televisión de la Revista Ellas que publican en el diario La Prensa. Como mis referentes en este tipo de formatos de impresos llevados a la televisión son esa cosa horrenda que se llama Mundo Social TV y Selecta TV (que ya desapareció), no tenía ninguna expectativa más que ver un show con contenido hueco y repleto de vanidad.
Para sorpresa mía, Ellas TV resultó ser una interesante propuesta que si bien está lejos de ser un Mundo Social TV, si está cerca de competir con un Ellas y Tú con Ana Gabriela (TVN) y un Red Carpet (Telemetro).
Este nuevo show está presentado por Teresa Carrizo y, a diferencia de los dos que menciono arriba, aquí su presentadora se dedica solo a eso, ser host y dar las introducciones de los segmentos. No se ve elitista ni la venden como experta en nada. Ella no es la que camina la procesión, carga el santo, es la santa y reza como sucede en los otros y eso se agradece porque le van creando una imagen de presentadora-conductora no de la lo hago todo y salgo en todo. Además, para ser una cara nueva y fresca, lo hizo bastante bien, no tuvo necesidad de enseñar sus bondades físicas para ser agradable a cuadro.
La producción de Ellas TV es de calidad, estuvo bastante bien lograda, excepto al momento de la entrevista con Tito Herrera donde fue evidente la ausencia de buena grabación, edición y mezcla de audios. Se escuchaba, además de muy bajo y mal, encajonado y eso hizo que una buena entrevista, se perdiera. Sus segmentos, aunque apelan a la vanidad, también tienen un componente de información inteligente logrando buen balance y que puede ser consumido también por caballeros. Tiene buen ritmo, aunque yo les incluiría más agilidad a los encargados de los segmentos para que el ritmo de la presentadora no deje en evidencia -a cuadro- el bajón al momento de los invitados.
Creo, sin temor a equivocarme, que a los shows fashionistas y de vanidad que ya existen, le salió una buena competencia-alternativa que, ojalá, apele siempre a los 90-60-90 del cerebro de las mujeres y no a sus curvas.
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